miércoles, 2 de enero de 2013

UNA DULCE FRAGANCIA

Lugar: Australia
Palabra de Dios: 2 Corintios 2:14

Un cálido día de primavera de 1928, Jack Trott, un joven agricultor :australiano, estaba caminando por afuera cuando notó una pequeña grieta en la superficie de la tierra. Al agacharse para mirarla más de cerca, sintió un ligero aroma a algo dulce. Inspiró más profundamente, y una vez más su nariz detectó la dulce, dulce fragancia.
"Me pregunto de dónde viene", pensó, mientras daba una mirada a su alrededor, sin ver nada que pudiera brindar ese aroma tan dulce; de hecho, su nariz parecía decirle que el aroma venía directamente de debajo de él. Fuere lo que fuere, tenía que estar enterrado en el suelo.
Jack levantó cuidadosamente un poco de tierra con sus dedos y al hacerlo, descubrió una pequeña flor que crecía debajo de la tierra. La flor medía cerca de un centímetro de ancho; y tenía pétalos blancos en el borde exterior, con un grupito de florecillas violetas, casi rojas, muy pequeñas, en su centro.
La flor resultó ser una nueva especie de orquídea, Rhizanthella gardneri, más conocida como la "orquídea subterránea". Descubierta en el oeste de Australia, es, como puedes imaginarte, muy rara, ya que no crece sobre la tierra. Pero, cuando la planta florece en los meses de mayo y junio, su fuerte fragancia te permitirá saber que la flor está por allí.
Una dulce fragancia: eso es lo que Dios quiere que esparzamos a quienes nos rodean. La Biblia dice que Dios nos guía y "por medio de nosotros, esparce por todas partes fragancia de su conocimiento". En otras palabras, si tú y yo permitimos que Dios obre en nuestras vidas, los que están a nuestro alrededor pronto sentirán el aroma de la presencia de Dios.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

NAVEGAR POR EL MAR DE LA VIDA

Subió entonces a la barca con ellos, y el viento se calmó. Estaban sumamente asombrados. Marcos 6: 51

Como decíamos ayer, nos hallamos frente a un nuevo año. En momentos como este es posible que miremos al año que ha quedado atrás para tomar nuevos impulsos y continuar el viaje de la vida, o tal vez para recordar las experiencias negativas que nos ha tocado vivir, con el propósito de no volver a cometer los mismos errores. Son muchos los que, varados en la playa de la vida, no se atreven a echar su embarcación al gran océano de la existencia humana.
Cuando la pérdida y el dolor han sido nuestros compañeros frecuentes, se vuelve difícil navegar sin temor a un nuevo naufragio. Quizás esta sea tu condición; ¿es así? Si tu respuesta es afirmativa y no puedes dejar de recordar las tormentas que has vivido, alaba a Dios porque todavía tienes vida. Una vida que él desea que vivas en abundancia, aun en medio de la más oscura borrasca. Además, si revisas bien tu estado de cuentas del año que acaba de terminar, verás que has superado todas las dificultades con la ayuda de Dios. Su promesa es: «Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Juan 10:10). Espera en él, y él hará.
Cuenta tu capital y alza las velas de tu embarcación; prepárate para una emocionante travesía con Cristo Jesús como capitán. En los días nublados que presagian tormenta, ten la seguridad de que Dios hará brillar el sol de su justicia sobre ti, tal como lo ha prometido: «Pero para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud» (Mal. 4: 2).
En este año que comienza, Dios te ofrece trescientas sesenta y cinco nuevas oportunidades para llegar a un puerto seguro. Entonces levántate, despójate del dolor acumulado, y únicamente coloca en tu barca buenos propósitos, sueños alcanzables y proyectos por concluir. Tú pon cada día tu esfuerzo y tu fe, y Dios hará provisión de todo lo demás. Llegarás a tu destino con resultados verdaderamente satisfactorios.
Recuerda que lo único que te hará fuerte cuando la tormenta llegue, es tener la seguridad de que Dios va al mando de tu embarcación y te va a guiar al puerto correcto. Ten fe.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

UN AÑO PARA APRENDER MÁS

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22: 37-40).

Hace algunos años, A. J. Jacobs, director de la revista Esquire, realizó un experimento extraordinario: se propuso obedecer todas las reglas de la Biblia de forma estrictamente literal durante un año. Deseaba experimentar una vida espiritual genuina. Se introduciría a la raíz misma de la espiritualidad de las religiones judeocristianas.
Al principio, escribió una lista de sugerencias, consejos e instrucciones que consideró oportunos e hizo un plan para obedecerlos al pie de la letra. El resultado fue una larga lista de 72 páginas y más de setecientas reglas, además de un plan de vida con características un tanto ridículas. Pronto se dejó crecer la barba (Lev. 19: 27), se vistió de blanco todo el tiempo (Ecle. 9:8), llevaba su propio asiento adondequiera que iba para evitar contaminarse (Lev. 15: 20), no usaba ropa hecha con fibras mezcladas (Lev. 19: 19), ejercitaba la paciencia (Prov. 19: 11); además apedreó a un adúltero (Lev. 20: 27), pagó en efectivo a la niñera al terminar cada día (Deut. 24: 15) durante todo un año. Luego publicó su experiencia en La Biblia al pie de la letra (Barcelona, España: Ediciones B, 2008), un libro muy entretenido que, en inglés, estuvo en la lista de los más leídos del New York Times durante varias semanas.
La singularidad del experimento residía en el hecho de que Jacobs no es religioso. Creció en un hogar judío extremadamente secular. No logró discernir, sin embargo, la esencia de la obediencia genuina. La Biblia presenta a Jesucristo como un ejemplo de obediencia a las reglas bíblicas. El significado de una norma se pervierte cuando su esencia se desvincula de Cristo. Las leyes ceremoniales, civiles y rituales del Antiguo Testamento son una aplicación de los Diez Mandamientos a las circunstancias culturales, sociales y políticas del pueblo de Israel. Una vez que lo asimilamos, entendemos su profundo significado. La vida de Cristo nos demostró cuál es la esencia de los Diez Mandamientos y todas las leyes de la Biblia: un profundo amor a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo. De eso dependen «toda la ley y los profetas».
¿Por qué no decides amar profundamente a Dios y permitir que este año el Espíritu Santo reproduzca la vida de Cristo en tu vida?

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

VELEN Y OREN

Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. 1 Pedro 4:7.

Nuestro Redentor comprendió perfectamente las necesidades de la humanidad. Él, que condescendió en tomar la naturaleza humana, conocía las flaquezas del hombre. Cristo vivió como nuestro ejemplo. Fue tentado en todo como nosotros lo somos, para saber cómo socorrer a los que fueran tentados...
Cristo tomó sobre sí nuestras flaquezas, y con la debilidad de la humanidad, necesitó buscar ayuda de su Padre. A menudo se lo encontraba en ferviente oración, en el huerto, junto al lago y en los montes. Nos ha ordenado velar y orar. El descuido de la vigilancia y el escudriñamiento cuidadoso del corazón es lo que lleva a la autosuficiencia y el orgullo espiritual. Sin un profundo sentido de nuestra necesidad de la ayuda de Dios, habrá tan solo muy poca oración ferviente y sincera en demanda de ayuda...
La vigilancia incesante es de gran ayuda para la oración... Aquel cuya mente se halaga de morar en Dios tiene una defensa fuerte. Tal persona será rápida en percibir los peligros que atenían contra la vida espiritual, y un sentido de peligro la llevará a buscar al Señor para obtener ayuda y protección.
Hay momentos cuando la vida cristiana parece plagada de peligros, y se hace difícil cumplir el deber. Pero las nubes que se amontonan en nuestro camino y los peligros que nos rodean, nunca desaparecerán ante un espíritu vacilante, dudoso y falto de oración. En momentos tales la incredulidad dice: "Nunca podremos superar estos obstáculos; esperemos hasta que podamos ver claramente el camino". Pero la fe propone avanzar con valor, esperándolo todo, creyendo todas las cosas...
La oración bien puede ser ofrecida diariamente por aquellos que tienen ante sí el temor de Dios, que él preserve sus corazones de los deseos malignos, y fortalezca sus almas para resistir la tentación...
La Palabra de Dios nos exhorta a que seamos hallados "orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia" (Efe. 6:18); y añade: "Sed, pues, sobrios, y velad en oración" (1 Ped. 4:7). Esta es la salvaguardia del cristiano, su protección ante los peligros que rodean su senda.— Review and Herald, 11 de octubre de 1881; parcialmente en A fin de conocerle, p. 242).

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White