sábado, 14 de julio de 2012

FAMILIAS EN EL AIRE


«Allí la serpiente anidará y pondrá sus huevos, los incubará y juntará su cría bajo su sombra; también allí se juntarán los halcones, cada uno con su compañera» (Isaías 34:15, RV95).

Ahora camina en silencio. Mira hacia arriba, justo en el borde de ese despeñadero. ¿Ves esa ave volando rápidamente cerca de esa roca? Es un halcón. ¿No es hermoso? Observa, ha regresado y se está posando en aquella pequeña cornisa. Ahora puedo ver a la mamá halcón y a los pequeños halconcitos en el nido.
Creo que a nosotros nos encanta ver a las familias juntas en la naturaleza porque esa fue la manera en que Dios las creó. Desafortunadamente, no todos los papas, las mamas y los niños están juntos. Es triste saber que eso ocurre. Pero tú puedes hacer algo en este momento para ayudar a mantener a tu familia unida. Como lo oyes. Tú puedes hacer algo para ayudar a que la tuya sea la familia más feliz del mundo. Puedes amarlos, respetarlos y ayudarlos. Puedes orar por ellos y con ellos. Dios quiere que nosotros les enseñemos a los demás cómo es él a través del amor que mostramos hacia nuestra familia. Haz algo especial y muéstrale hoy a tu familia que los amas con todo tu corazón.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

EXPECTATIVAS Y REALIDADES


Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. (Jeremías 17:7).

Uno de los problemas que más afecta a los seres humanos consiste en ver que muchas de sus expectativas no se cumplen. A veces nos aferramos a nuestras desilusiones acariciando dolores, rumiando las injusticias que hemos sufrido y la manera poco apropiada en que hemos sido tratadas. Pero, ¿acaso no habrá alguna forma para protegernos de esas crisis? Por supuesto, veamos algunas recomendaciones.
Confía en Dios. Nuestro Señor Jesucristo nos dejó en su Palabra una advertencia, que todavía hoy es válida. Él dijo: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33).
Ora. El apóstol Pablo en su carta a los Filipenses nos aconseja que por nada estemos angustiados, sino que sean conocidas nuestras peticiones delante de Dios (ver Fil. 4:6). Pedro, inspirado por el Espíritu Santo nos dice: «Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7).
Identifica tus prioridades. Si únicamente concentramos todas nuestras energías en dos aspectos de nuestra vida, y algo sale mal, corremos el riesgo de ser afectadas emocional, espiritual y físicamente. Pero si hemos identificado cinco aspectos prioritarios en vez de dos y surge algún problema en uno de ellos, nuestro bienestar en los demás podría sostenernos y restaurar nuestra salud emocional. Debemos revisar a menudo el orden de prioridades que hemos establecido.
Compara. Contrasta tus expectativas con la realidad. Las grandes expectativas de la vida proveen los momentos más felices de nuestra existencia, a la vez que nos llevan a las más grandes decepciones si no concuerdan con la realidad. El abismo que existe entre las expectativas y la realidad por lo general implica una crisis.
Reajusta. Es conveniente determinar en qué momento necesitamos modificar nuestras expectativas. De todas formas, la vida conlleva una serie de reajustes, acomodar nuestros sueños a la realidad. Quizá debamos, además de modificar, renunciar a algo ocasionalmente, abandonando un sueño, un plan, una ilusión.
Deposita en el Señor tus expectativas.  Él puede guiarnos a fin de que podamos vivir en paz y concretar una relación más íntima con él.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Janet Ribera de Diestre

SU HORA MÁS GLORIOSA


Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres. Hechos 5:29.

Entre las figuras más prominentes en la historia de la iglesia cristiana, Martín Lutero ocupa, sin duda alguna, un lugar especial. ¿Cuál fue su «hora más gloriosa»?
Uno podría pensar en varios momentos. Por ejemplo, ese 31 de octubre de 1517, cuando clavó sobre la puerta de la catedral de Wittenberg sus 95 tesis. Como recordarás, esas tesis eran denuncias públicas contra los excesos de la iglesia popular, especialmente contra la venta de indulgencias, especie de certificados que aseguraban al comprador el perdón de sus pecados e incluso el derecho a ir al cielo una vez que muriera. Lutero enfrentó ese error al enseñar que el perdón de Dios ni se compra ni se vende: se recibe por gracia.
Otro momento estelar: cuando completó la traducción de la Biblia al alemán.  Lutero consideraba que la Biblia y solo la Biblia debía ser la autoridad final en asuntos de fe, pero solo unos pocos privilegiados podían leerla. Fue así como decidió traducir las Escrituras al idioma que el pueblo hablaba en la calle.
¿Y qué te parece este otro «momento histórico»? Corría el año 1521. Lutero había sido llamado a rendir cuentas por sus enseñanzas ante el emperador Carlos V y ante poderosos dignatarios del estado y de la Iglesia Católica, reunidos en la ciudad de Worms. Públicamente se le ordenó que renunciara a sus enseñanzas o se atuviera a las consecuencias. Esta fue su respuesta: «A menos que sea convencido por las Escrituras, [...] no acepto la autoridad de papas y concilios. [...] Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni debo renegar de nada, porque no es correcto ni seguro ir en contra de mi conciencia. Aquí estoy. No puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude».
¡Sin duda alguna, su momento más glorioso! Puedo imaginar que en el cielo se escuchó un estruendoso amén, cuando este héroe de la fe puso bien en alto el nombre de Dios y la autoridad de su Palabra.
Hoy Dios está buscando jóvenes y señoritas con la fibra moral que Lutero mostró a la hora de defender sus convicciones. ¿Cuenta Dios contigo?
Señor Jesús, dame valor para poner en alto tu nombre, «aunque se desplomen los cielos».

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

NADA ES DEMASIADO DIFÍCIL PARA DIOS


«Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: "Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado"» (Mateo 9:22).

He oído que algunas personas hablaban de la fe como si se tratase de una excavadora capaz de empujar a Dios. Una vez escuché a un famoso curandero que decía: «Si se tiene fe, se le puede decir a Dios qué tiene que hacer».
Y en el otro extremo del espectro, ¿cuántas veces habremos oído decir: «Oramos y no sucedió nada; será que no teníamos suficiente fe»? ¿Es posible que unos tengan tanta fe y otros tan poca?
Luego leemos las palabras de Jesús: «De cierto os digo que si tenéis fe y no dudáis, [...] si a este monte le decís: "¡Quítate y arrójate al mar!", será hecho» (Mat. 21:21). ¿Cómo podríamos tener tanta fe?
Una historia nos ayuda a entender el significado de la fe. Se trata de una mujer durante doce largos años sufrió hemorragias.
Ella había ido a todos los médicos que había podido encontrar y ninguno había sido capaz de ayudarla. De hecho, gastó todo su dinero tratando de encontrar una solución.
Oyó que Jesús estaba en su pueblo, sanando a los enfermos, y se convenció de que él podía ayudarla. Había tanta gente alrededor del Señor que no podía acercarse. Pero pensó que, para sanarse, bastaría con tocar el borde de su manto. Seguramente se trataba de una persona tímida porque no quería que nadie supiese lo que iba a hacer.
Así que se acercó, tocó el manto de Jesús y, al instante, quedó curada. Estaba a punto de escabullirse entre la multitud cuando Jesús preguntó quién lo había tocado. Nerviosa, se adelantó y le contó todo lo que le había sucedido.
Jesús dijo: «Tu fe te ha sanado» (Mar. 5:34, NVI). Pero la fe no la había sanado, sino Jesús. Entonces, ¿qué quiso decir cuando dijo que su fe la había sanado? Quería decir que su fe en él trajo su curación. Si hubiera tenido fe en una pata de conejo o un amuleto de la suerte, no habría sido sanada.
La fe es creer que no hay límites para lo que Dios puede hacer.  Basado en Marcos 5: 25-34

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill