lunes, 9 de julio de 2012

CALVO Y HERMOSO

«El Señor las dejará [sus cabezas] completamente calvas» (Isaías 3:17. NVI).

Quiero que paremos un momento de caminar y que te toques la parte de arriba de la cabeza. Pasa tus dedos por la piel de tu cabeza y dime cómo se siente su textura. ¿Es lisa? ¿Es irregular? Cuando me toco la piel de la cabeza me acuerdo de las olas del mar porque mi cabeza es ondulada.
Mi papá es calvo, y la verdad es que está contento porque se le ve muy bien su calva. Él dice: «Dios ha hecho a algunos hombres con una cabeza perfecta, y a los demás les dio cabello». Tal vez tiene razón. Yo tengo cabello, y mi cabeza no es muy lisa que digamos. Mi papá siempre usa un sombrero para proteger su calva del sol. Yo creo que si alguna vez me quedo calvo voy a hacer lo mismo, pero para que nadie pueda ver mi cabeza imperfecta.
Así como mi cabeza es irregular ninguno de nosotros es perfecto. Cada día cometemos muchos errores, pero mi mayor alegría es saber que Jesús nos ama igual. Él nos ama tanto, que a pesar de ser pecadores murió por nosotros.
Usa tu sombrero hoy para proteger tu cabeza del sol, y agradece a Jesús porque llevó una corona de espinas en su cabeza para salvarte.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

GOZO EN MEDIO DE LA PRUEBA


Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Romanos 15:13).

El ser humano anhela el gozo y la paz, y estas cosas las encuentra únicamente cuando se entrega a Dios. El apóstol Pablo les explica a los gálatas que no es posible vivir gozosamente mientras satisfacemos los deseos de la carne, y que el gozo es uno de los frutos del Espíritu que se manifiestan en la vida del cristiano.
Muchas veces, ese mismo gozo se pone a prueba. Aunque es muy fácil sentir y experimentar el gozo divino cuando la familia está unida y disfruta de buena salud, cuando tenemos un empleo seguro y cuando vemos que todos nuestros planes marchan a la perfección, sin embargo, si un hijo enferma, si perdemos el trabajo o si no hay dinero, entonces nuestro mundo se derrumba y no sabemos qué hacer. ¿De dónde entonces podría surgir el gozo del cristiano en medio de pruebas? De su relación con el Señor, de la comunión diaria con aquel que fue llamado «varón de dolores». Jesús disfrutaba de gozo sin importar las circunstancias, gracias a la comunión que sostenía con su Padre.
El Maestro desea que su gozo sea también el de sus discípulos (ver Juan 17:13). Nos consuela la idea de que el dolor, el sufrimiento, la muerte y todos los trágicos frutos del pecado serán borrados. Ese día, el mismo Dios enjugará toda lágrima, y el universo se llenará de un gozo eterno y ni sombras. Cualesquiera que sean las circunstancias en que nos toque vivir, el gozo es un don de Dios para todos los que confiamos en él. Incluso cuando Jesús se enfrentó a la agonía de la cruz, pensaba en el gozo eterno de los redimidos: «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto» (Juan 15:11).
Apreciada hermana, te ánimo para que hoy hagas una lista de aquellas cosas que son una fuente de gozo para ti.  Descubrirás que hay mucho por lo que debemos ¡estar siempre gozosos!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Margely Vacca Archiva

TAN VIEJA COMO EL DIABLO


Cruel es la furia, y arrolladora la ira, pero ¿quién puede enfrentarse a la envidia? Proverbios 27:4, NVI

Adivina adivinador... Estoy pensando en una enfermedad que... es «más vieja que Matusalén», el que la padece no sabe que la tiene, y solo hay una cura conocida, pero no se consigue en ninguna farmacia.
Una pista más: Es tan vieja como el diablo.
Un ejemplo te ayudará. ¿Recuerdas a María, la hermana de Moisés? ¿Qué recuerdas de ella? Muy probablemente, la ocasión cuando, escondida tras los juncos en el río Nilo, vigiló la canasta donde su madre había colocado al bebé Moisés, procurando salvarlo así de una muerte segura. O quizás recuerdas cuando, después del milagroso cruce del Mar Rojo, dirigió el canto de alabanza a Dios por su maravillosa liberación.
Hay otra escena que conviene recordar. En ella, María aparece muy molesta. ¿Qué la molestó tanto? Según el libro Patriarcas y profetas (p. 355), Séfora compartió con su padre Jetro su preocupación por el excesivo trabajo de Moisés, su esposo. Jetro aconsejó a Moisés que nombrara ayudantes para aliviar la carga de su trabajo (ver Exo. 18). Y Moisés aceptó el consejo. Este hecho disgustó mucho a María porque ella consideró que Moisés no los había consultado a ella y a Aarón. Y explotó: «¿Tú crees que Dios habla solo contigo? ¡Nosotros también somos líderes aquí!».
Muy bien: ¿De qué enfermedad estamos hablando? ¡Por supuesto, de la envidia! Es tan vieja como Lucifer, el primer envidioso. El que es atacado por este virus no se da cuenta de que lo tiene. Y el remedio (el agradecimiento) no se encuentra en la farmacia. ¿Cuánto marca el «envidiómetro» de tu vida en este momento? No puedes saberlo, pero por si las moscas, la vacuna está a tu disposición ahora mismo: dale gracias a Dios por lo que eres y por lo que tienes.
¡No envidiemos a nadie! Cuando envidiamos, le estamos diciendo a Dios que se equivocó al crearnos. Y Dios no se equivoca. Él tiene un plan para tu vida y la mía, y solo espera que hagamos nuestra parte para que ese plan se desarrolle en  todos sus detalles.
Gracias, Señor, por crearme como un ser único y especial. Y gracias por tu plan para mi vida.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

EL CIELO ABIERTO


«No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me envío» (Juan  5:30).

Cuando, ya en la orilla del río, Jesús se arrodilló para orar, «vio abrirse los cielos y al Espíritu como paloma que descendía sobre él» (Mar. 1:10). Era como si Dios mismo hubiera separado el cielo y se hubiera inclinado para escuchar a su Hijo.
Jesús levantó la mirada hacia ese espacio abierto y pronunció una de las oraciones más conmovedoras de su vida. Lástima que no hubiera discípulos presentes que pudieran escucharla y escribirla. Sin embargo, el Espíritu de Profecía nos explica que vertió su alma a Dios. Sabía hasta qué punto el pecado había endurecido el corazón humano y lo difícil que para ellos sería entender su misión y aceptar el don de la salvación. Suplicó al Padre que le diera el poder para vencer su incredulidad, para romper las cadenas con que Satanás los había encadenado y, en su nombre, aniquilar al destructor. Pidió una señal de que Dios aceptaba a la humanidad en la persona de su Hijo.
No oró como nosotros solemos. No pidió poder para sanar, ni que no lo alcanzaran el dolor o los peligros; tampoco reclamo llegar sano y salvo de regreso a Nazaret, o que todos lo amaran; y, aun menos, ser popular. Oro por la misión de su vida, pidió la ayuda del cielo en la tarea de salvar las almas.
«Nunca antes habían escuchado los ángeles semejante oración. Ellos anhelaban llevar a su amado Comandante un mensaje de seguridad y consuelo.
Pero no; el Padre mismo contestará la petición de su Hijo. Salen directamente del trono los rayos de su gloria. Los cielos se abren, y sobre la cabeza del Salvador desciende una forma de paloma de la luz más pura, emblema adecuado del Manso y Humilde» (El Deseado de todas las gentes, cap. 11, p. 89).
Nosotros podemos desear que todas nuestras oraciones sean respondidas con la apertura del cielo y un baño de luz procedente del trono, pero probablemente esta no sea la voluntad de Dios para nosotros en este momento. Sin embargo, sabemos que Dios nos escucha y que nos contestará según su voluntad. Señor, ayúdame a orar más por mi misión en la tierra y para que, así como el ministerio de Jesús te glorificó, mi misión también te glorifique. Basado en Marcos 1:9-11.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill