domingo, 26 de febrero de 2012

GRANDES BENDICIONES

«Llegaron hasta el arroyo de Escol, cortaron allí una rama que tenía un racimo de uvas, y entre dos se lo llevaron colgado de un palo. También recogieron granadas e higos» (Números 13:23).

Presta mucha atención al versículo de hoy. Estamos caminando con dos hombres que acaban de cortar un gran racimo de uvas y lo llevan colgado en un palo entre los dos. Al parecer las uvas eran muy grandes en ese lugar.
Todavía hoy podemos encontrar por el mundo frutas y vegetales bastante grandes. En el año 2001 el record de la calabaza más grande lo tenía una de '572 kg. Imagina cómo debe ser tratar de sacarle todas las semillas a esa calabaza. La manzana más grande que se conoce pesaba 1,4 kg. Otro tipo de calabaza que normalmente es más pequeña, alcanzó el asombroso peso de 482 kg. ¡Increíble!
Las frutas de la Tierra Prometida eran muy grandes, y aún hoy se cosechan frutas y vegetales gigantes en esa área, pero jamás podrán compararse con las cosas que Dios tiene preparadas para nosotros en el cielo. Lee lo que Pablo escribió en 1 Corintios 2:9 y dime si no es maravilloso. Hablando de cosas grandes, ¡esas sí serán grandes bendiciones!

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

¡NO MÁS SUFRIMIENTOS!

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron (Apocalipsis 21:4).

No pude mantenerme en pie y caí al piso sosteniendo el ramo de flores que llevaba. El dolor era tan gran de que impidió acercarme al ataúd donde yacía mi abuelita asesinada brutalmente el día anterior.
Quizás pensábamos que era inmortal, dijo mi tío, y ¡cuánta razón tenía! Como humanos, tenemos la tendencia a creer que la muerte no tocará a nuestras puertas. Pero si llegar ese día no debemos olvidar que nuestro Padre promete siempre estará a nuestro lado. La presencia de Dios fue algo palpable durante aquellos momentos tan duros. Muchas situaciones casi milagrosas ocurrieron en torno a aquella tragedia y con certeza afirmo que fueron manifestaciones del amor de Dios por nosotros.
Tal vez te haya tocado vivir una situación similar o a lo mejor estas sufriendo por algún motivo diferente. El hecho es que vivimos en un mundo donde las lágrimas no se hacen esperar y nos llegan a todos por igual.
Creo que Dios permitió que aquel suceso ocurriera. Pero aun así, me siento impotente al ver que a mi alrededor hay tanta hambre, muerte, tribulación, guerra, destrucción, agonía, y por todo ello me siento desvalida. En esos momentos mi esperanza me alimenta y me fortalece. Es entonces cuando más anhelo el regreso del Señor, quien ha prometido enjugar toda lágrima de nuestros ojos. Esta vida será parte de un pasado. Será una historia que también olvidaremos.
En el cielo no habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque él nos ha prometido una vida de gozo y felicidad. ¿Desearías vivir allá para siempre? Yo lo anhelo. Para llegar al cielo únicamente debemos perseverar en el conocimiento de Dios y heredaremos todas estas cosas (ver Apo. 21:7).
Mi querida hermana, cuando Cristo venga por segunda vez y resuciten nuestros seres amados que hayan muerto en el Señor, ¿qué haremos? Yo iré tan rápido como me sea posible a abrazar a mi abuela y a todos mis seres queridos.
Padre amante, te doy gracias por ayudarnos a sentir tu presencia en momentos difíciles. Por favor danos la fortaleza para vencer y enséñanos a disfrutar la vida que hoy nos toca vivir, y sobre todo a anhelar y desear una vida mejor: la vida eterna.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Karin Verboonen es mexicana. Es esposa del pastor Daniel Juárez, quien actualmente dirige el distrito de Jalpa de Méndez.

HABLANDO DE VICTORIAS PIRRICAS…

El pago que da el pecado es la muerte. Romanos 6:23.

Si una victoria pírrica es la que se obtiene pagando un precio demasiado elevado, entonces esa fue la clase de victoria que Rebeca y su hijo Jacob obtuvieron cuando engañaron a Isaac.
Ya conoces los detalles de la historia. Aunque Esaú era el hijo mayor, Dios había prometido que serviría al menor (Gen. 25:23). Sería Jacob, no Esaú, quien recibiría la bendición de Dios. De la descendencia de Jacob nacería el Salvador del mundo. Pero Isaac pensaba diferente. A pesar de que Esaú ya había despreciado este privilegio al venderlo por un plato de lentejas (Gen. 25:29-34), Isaac insistía en concedérselo (ver Patriarcas y profetas, p.159).
La Escritura explica el porqué: «Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba» (Gen. 25: 28). Fue así que, cuando Isaac pensó que había llegado la hora de morir, decidió otorgar a su hijo predilecto la bendición.
Entonces le pidió a Esaú que le preparara su comida favorita. Lo que no imaginó fue que Rebeca, quien «prefería a Jacob», estaba escuchando la conversación y, aprovechándose de la ceguera de Isaac, arregló las cosas para que Jacob engañara a su padre y recibiera su bendición (ver Gen. 27:5-29).
Rebeca, por cierto, logró su objetivo. Y también Jacob, quien se prestó al engaño. Pero, ¡a qué precio! Al enterarse de lo ocurrido, la ira de Esaú no conoció límites y resolvió matar a su hermano. Jacob debió huir de su casa y Rebeca nunca más vio el rostro de su hijo predilecto.
Una victoria pírrica, eso fue lo que logró Rebeca. Lo peor es que Dios ya había prometido que Jacob sería el heredero que recibiría la primogenitura. ¿Por qué, entonces, recurrir al engaño? En cuanto a Jacob, Elena G. de White escribe: «En solamente una hora se había acarreado una larga vida de arrepentimiento» (Ibíd., p. 160).
¡Muy triste! No sé qué es lo que más deseas en la vida (un matrimonio feliz, una profesión exitosa, buena salud o el aprecio de tus amigos), pero una cosa es cierta: por muy bueno que sea lo que anhelas, no intentes alcanzarlo ignorando a Dios o violando los principios de su Palabra. ¡Te aseguro que no vale la pena!

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

AMAR ES CUIDAR

«Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mateo 5:44).

Los historiadores nos hablan de un personaje llamado Dirk Willumsoon que se convirtió al protestantismo. Como resultado de ello, fue condenado a ser torturado hasta la muerte. De alguna manera, pudo librarse y empezó a correr para salvar su vida. Un soldado fue tras él. Corrió hasta que finalmente llegó a un gran lago. El lago estaba helado, pero el hielo era débil porque el invierno estaba llegando a su fin. A Willumsoon no le quedaba otra salida. Decidió correr por el hielo.
Mientras corría el hielo del lago comenzó a resquebrajarse. Pero no se detuvo. Quería evitar la terrible muerte que le esperaba si era capturado. A grandes zancadas avanzó hasta que, con gran esfuerzo, pudo saltar a la orilla. Mientras recuperaba sus fuerzas para seguir corriendo, oyó un grito de terror a sus espaldas. Se dio la vuelta y vio que el soldado que lo perseguía había caído en el agua y se debatía intentando aferrarse al hielo.
No había nadie cerca para ayudar al desdichado, solo Dirk. Aquel soldado era su enemigo. Arrastrándose con cuidado por el quebradizo hielo, alcanzó al soldado. Lo sacó del agua helada y, tirando de él por el hielo, lo acercó a la orilla.
Jesús dijo: «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos» (Juan 15:13).
Por los amigos, podemos entenderlo... Pero, ¿por nuestros enemigos? Leamos las palabras de Jesús: «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen» (Mat. 5:44). Para el que sigue a Jesús, amigo o enemigo, da lo mismo.
Huelga decir que amar a nuestros enemigos no es fácil. Amar a nuestros enemigos no significa necesariamente que tengamos que ser los mejores amigos, sino que queremos su bien y oramos por ellos. Aquí se esconde un secreto: Si hacemos esto, hay muchas posibilidades de que esa persona en poco tiempo ya no se sienta enemiga nuestra. (Basado en Mateo 5:44)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill