martes, 31 de julio de 2012

UVAS AMARGAS


«¿Por qué en Israel no deja de repetirse aquel refrán que dice: "Los padres comen uvas agrias y a los hijos se les destemplan los dientes"?» (Ezequiel 18:2).

Hoy estamos caminando junto a un cercado. Eso no es gran cosa, lo sé. Pero no es del cercado de lo que quiero hablarte, sino de lo que está creciendo en él. ¡Son uvas! Prueba una. ¡Espera! Debí advertirte que esta no es la misma clase de uvas que se consiguen en el supermercado. Son uvas salvajes, ¡y son amargas! A mí personalmente me gustan, pero no todo el mundo piensa igual. El versículo de hoy dice la verdad al afirmar que las uvas amargas destemplan los dientes, es decir; producen incomodidad.
Hay un refrán que habla de las uvas amargas. Dice que alguien está comiendo uvas amargas cuando está tratando de disimular que en realidad está lloriqueando por no haber conseguido lo que buscaba, aunque antes hubiera dicho que no lo quería.
Aunque a mí me encantan las uvas salvajes, creo que nosotros no deberíamos ser «uvas amargas». Jesús quiere que testifiquemos alegremente de él. Él quiere que seamos personas sinceras y alegres que llevemos luz y vida a dondequiera que vayamos. Puedes comer toda la fruta que quieras, pero no lances uvas amargas a los demás.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

LA ENVIDIA


He visto asimismo que toda obra bien hecha despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu (Eclesiastés 4:4).

Quienes logran tener éxito en su trabajo, muchas veces atraen de inmediato la envidia de sus colegas, en proporción a los logros alcanzados. La siguiente anécdota apareció en una revista hace algunos años y se le atribuye al pastor Rafael Escandón.
Un señor llamado Diógenes Castro, un apasionado de las letras, nunca había tenido suerte como escritor. Todo lo que escribía era automáticamente rechazado. Pero continuaba esforzándose con la esperanza de que algún día su suerte pudiera cambiar. Sin embargo, en su misma ciudad había otro escritor que se parecía al rey Midas: todo lo que tocaba, o escribía, era publicado; ya fueran ensayos, cuentos, historias o poesías. De manera que aquella persona llegó a ser conocida como un escritor de renombre. A Diógenes le disgustaba ver continuamente el nombre de aquel señor en los periódicos, así como observar los tributos que le rendían.
Para colmo de males, un día la comunidad decidió erigir una estatua en honor a aquel escritor que era considerado un orgullo para el pueblo. Era apenas un busto colocado en medio del parque o plaza principal. Aquel acto irritó a Diógenes, quien tramó un plan para derribar la estatua. Una noche, antes de que amaneciera, Diógenes fue al parque con unas herramientas. Pensaba que, aflojando unas tuercas, la estatua se desplomaría con apenas un empujón. Tras aflojarlas comenzó a empujar el busto, pero no pudo derribarlo. Luchó por unos instantes, pero pensó que lo mejor sería tirarlo hacia él con todas sus fuerzas. Y lo logró.
Al día siguiente, los primeros transeúntes notaron que el busto estaba en el suelo. Pero con sorpresa se dieron cuenta de que debajo de aquel pesado monumento había un hombre con el cráneo fracturado. El plan de Diógenes había tenido éxito, sin embargo, había sido víctima de su propia envidia.
Amiga, todo esfuerzo, trabajo o empeño, traerá tarde temprano sus frutos. Sin embargo, debemos cuidarnos de cualquier sentimiento de envidia, porque podría producir frutos negativos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Edilma E. Balboa

PONLE CORAZÓN


El tramo siguiente [...] lo reconstruyó con entusiasmo Baruc hijo de Zabay. Nehemías 3:20, NVI.

Un relato anónimo cuenta que un joven estaba aprendiendo a ser trapecista. Cierto día le preguntó a un veterano qué cosas debía tener en cuenta para lograr éxito en ese oficio tan arriesgado.
—Cuando te lances del trapecio —respondió el hombre—, asegúrate de que tu corazón se lance en primer lugar. Luego tu cuerpo lo seguirá naturalmente.
En otras palabras, si quieres tener éxito, pon todo el corazón en la tarea. Lo demás vendrá por añadidura. ¿Qué significa «poner el corazón»? Significa realizarlo con el mayor entusiasmo y de la mejor manera posible, no importa lo pequeño que parezca.
Esta actitud la ilustra bien un hecho que tuvo lugar cuando una supervisora escolar visitó cierta institución educativa. Al recorrer uno de los pasillos, vio una pintura que le llamó la atención.
—¡Qué cuadro tan lindo! —exclamó—. ¿Lo han hecho los alumnos?
—Así es —respondió una de las maestras.
Muy cerca del cuadro estaba un niño que irradiaba orgullo. Con sus hombros erguidos, parecía estar ansioso de que la supervisora lo tomara en cuenta.
—Y tú, ¿qué parte de la pintura hiciste?
Radiante de alegría, el niño contestó:
—¡Yo lavé los pinceles! (K. H. Wood, Para el hombre moderno, p. 74).
Una contribución muy modesta, es verdad, pero el niño la había realizado con supremo entusiasmo. ¡Y estaba orgulloso de ello!
En la Biblia encontramos una actitud similar, cuando estaba en proceso la reconstrucción de los muros de Jerusalén bajo el liderazgo de Nehemías. Si lees el capítulo tres de Nehemías, notarás que fueron muchos los que participaron en la obra, pero solo de Baruc se dice que hizo su trabajo «con entusiasmo» (Neh. 3:20, NVI). Otra versión dice que Baruc trabajó «con todo fervor» (RV95).
¡Qué interesante! A Baruc se lo menciona una sola vez en las Escrituras, en apenas un versículo, pero esa única mención resalta la manera entusiasta que tenía de hacer las cosas.
Si se pudiera resumir en un versículo la manera como haces tu trabajo, ¿qué se diría de ti? ¿Con qué actitud realizas tus tareas? ¿Y las de la Iglesia? ¿Y cuando haces un favor? El ejemplo de Baruc nos enseña que todo lo que caiga en nuestras manos tiene que ser hecho con el mayor entusiasmo, «poniendo todo el corazón» ¡Eso también es cristianismo!
Señor, me propongo realizar con entusiasmo mis deberes de este día.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

LOS POBRES QUE ESTÁN CON VOSOTROS


«Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que lo aman?» (Santiago 2:5).

Me encontraba en Manila, asistiendo a algunas reuniones. Ya habían terminado y había ido al mercado para comprar algunos recuerdos. Tras parar un taxi, le dije al conductor que quería volver al hotel. De camino, me fijé en la camisa que llevaba el taxista. Estaba limpia y bien planchada; aún recuerdo su color: era gris. Pero era la camisa más remendada que jamás había visto. Al parecer, con los años, las costuras se habían roto. Pero alguien, obviamente a mano, las había recosido usando hilo blanco.
Durante el trayecto hablé con el conductor. Era muy amable y agradable. Sin embargo, me era imposible apartar los ojos de la camisa. Me pareció que era de mi talla. Cuando llegamos al hotel, me quité la camisa y se la di al conductor.
—Espero que no le importe —le dije.
El respondió:
—Nunca lo olvidaré.
Yo tampoco lo olvidaré. Me hace pensar en aquel sabio griego que se quejaba por tener que comer raíces hasta que vio a otro que lo seguía recogiendo las que él dejaba.
Jesús era pobre. A algunos de sus discípulos les dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza» (Mat. 8:20). Cuando lo crucificaron todas sus posesiones eran la ropa que llevaba puesta.
La mayoría de la población mundial es pobre. La experiencia demuestra que cuanto más tiene una persona, más tiende a olvidar al Señor. El sabio lo dijo bien: « No me des pobreza ni riquezas, sino susténtame con el pan necesario, no sea que, una vez saciado, te niegue y diga: "¿Quién es Jehová?", o que, siendo pobre, robe y blasfeme contra el nombre de mi Dios» (Prov. 30:8,9).
Me gustaría poder ver la cara de aquel taxista entrando por las perlinas puertas de la nueva Jerusalén. Yo quiero estar allí cuando vea las calles de oro y la gran mesa del banquete con todo tipo de buena comida. Vale la pena esperar. Basado en Lucas 9:58

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 30 de julio de 2012

UN CORDÓN DE AMOR


«El día en que naciste no te cortaron el cordón umbilical» (Ezequiel 16:4, NVI).

Hoy en nuestra aventura presenciaremos una de las experiencias más maravillosas de la vida. ¿Sabes cuál es? ¡El nacimiento de un bebé! Mira qué lindo y pequeño, aún conectado a su mamá por el cordón umbilical. Toda la sangre, la comida, las vitaminas y los minerales que el bebé necesitó durante nueve meses mientras creció dentro de su madre los recibió a través del cordón umbilical. Qué maravilloso es Dios por habernos creado de esa manera tan asombrosa.
¿Sabías que Dios siempre quiere que estemos conectados a él? No a través de un cordón umbilical, sino de un «cordón de amor» y de vida. Toda la fuerza, el amor y el cuidado que necesitamos para desarrollarnos como cristianos proviene de Dios. Si no permanecemos conectados a él, nuestra vida cristiana morirá.
Satanás tratará de desconectarte de Dios, pero no se lo permitas. Dios nunca te abandonará y tú tampoco debes abandonarlo a él. Fija tus ojos en Jesús y permanece siempre cerca de él a través de su cordón de amor.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

NO TEMAS, ¡CUENTA CONMIGO!


No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (Isaías 41:10)

Cuando Gustavo, nuestro hijo mayor, tenía dos meses fuimos a visitar a unos familiares que vivían en el interior del país. Al bebé le dio un cólico, y nos ofrecieron un remedio casero. Sin embargo, el agua estaba contaminada, lo que le provocó al niño una diarrea. Era de noche y no había asistencia médica, ni forma de regresar a la capital. Al amanecer, Dios permitió que encontráramos un autobús para emprender el viaje de regreso. Al llegar a la ciudad llamamos a nuestro médico, quien nos llevó de emergencia al hospital cuando rayaba la medianoche.
Los médicos y enfermeras corrían de un lado a otro de la sala de emergencias, tratando de salvar la vida de nuestro bebé. Finalmente pudieron hidratarlo por vía intravenosa. Aparentemente, lo peor había pasado. Al amanecer le pedimos a Dios que nos mostrara si el niño viviría. Mi esposo abrió al azar el libro El Deseado de todas las gentes, y su dedo cayó en el capítulo veinte, donde se habla de la curación del hijo del noble. Le dimos gracias a Dios por contestarnos y hablamos con el médico, quien nos informó de que, debido a la deshidratación sufrida, el niño había convulsionado y parecía haber una complicación cerebral. Nos explicó que otra posibilidad era que él bebe tuviera meningitis. Continuó diciendo que si ese era el caso, y el niño sobrevivía, podría quedar ciego, sordo o con retraso mental. Había que hacerle una punción, con el riesgo de que se quedara paralítico.
Estábamos desconsolados. Debíamos tomar una decisión a la mayor brevedad. Nos arrodillamos y clamamos a Dios, sin importarnos que la gente nos viera; le dijimos que él nos había prometido que el niño se iba a salvar y que nos indicara lo que debíamos hacer. Tras orar, nos sentimos confiados y más tranquilos. Le hicieron la prueba al niño y gracias a Dios los resultados fueron negativos. Dios lo había sanado con su mano poderosa. Gracias, Señor Jesús, por prestármelo de nuevo. ¡Gracias porque, incluso en medio del valle de sombra y de muerte, siempre podemos contar contigo!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Belmi de Menéndez 

HAY CONSECUENCIAS


El Señor ama a los que odian el mal. Salmo 97:10

Cuando ni tú ni yo habíamos nacido, a un sociólogo norteamericano se le ocurrió rastrear la pista a los descendientes de un tal Martín Kalikak, un borracho empedernido que vivió en el siglo XVIII y que se casó con una mujer tan mala como él.
Durante los ciento cincuenta años que cubrió el estudio, el investigador logró ubicar 480 descendientes de los esposos Kalikak. De ese total, 143 tuvieron problemas mentales, 82 murieron en la infancia, 36 fueron hijos ilegítimos, 24 fueron alcohólicos, tres sufrieron de epilepsia y tres recibieron la pena de muerte por sus delitos (Denis Duncan, Day by Day with William Barclay [Día a día con William Barclay], p. 165). ¡Vaya herencia!
Tiempo después se realizó un estudio similar con los descendientes de Maximiliano Jukes, un incrédulo que se casó con una mujer también incrédula. De 1,026 descendientes de esta pareja, se encontró que trescientos murieron en forma prematura, cien fueron encarcelados por varios delitos, 109 fueron adictos a algún vicio o a algún tipo de inmoralidad, y 102 fueron borrachos empedernidos (Enrique Chaij, Dicha y armonía en el hogar, pp.179, 180).
¿Se les habrá ocurrido a estas parejas pensar que lo que hacemos con nuestra vida también afecta a otros? Muy probablemente no. Lo más seguro es que eran de esa clase de gente que aún podemos escuchar hoy día. Son los que dicen: «¡Hago con mi vida lo que me da la gana!».
¡Cuán diferente fue el legado de Jonathan Edwards! Edwards (1703-1758), un hijo de pastor que se casó con una joven cristiana, es hoy recordado por su contribución al Gran Despertar Religioso del siglo XVIII en los Estados Unidos. De los 729 descendientes que un estudio logró ubicar, se encontraron trescientos predicadores, 65 profesores, trece rectores de universidades, seis escritores, tres diputados, y un vicepresidente de la Nación (Ibíd.).
¿Qué lecciones nos enseñan estas investigaciones? Al menos dos. Una es que cosechamos lo que sembramos. Tus actos, tus palabras, aun tus pensamientos, tienen consecuencias. Te afectan y afectan a otros. Como bien lo expresó Newton en su tercera ley del movimiento: por cada acción hay una reacción. La segunda lección es que, cuando te llegue la hora de escoger a tu futuro esposo, o esposa, ¡más vale que escojas bien!
Tu puedes hacer que el mundo sea mejor o peor.  Vive de la manera que sea mucho mejor.
Dios mío, que en este día mis actos, palabras y pensamientos glorifiquen tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

PARA LA GLORIA DE DIOS



 «Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31).


Desde sus inicios, una de las primeras características de nuestra iglesia ha sido la vida saludable. El estudio de las Escrituras no deja lugar a dudas al expresar que los cristianos deben vivir de manera saludable. La Palabra de Dios es absolutamente clara en cuanto a que no somos dueños de nuestro cuerpo y, si insistimos en maltratarlo, no vamos a salvarnos (1 Cor. 6:10,19). Aunque el versículo diez se refiere a la sentencia definitiva, no cabe duda de que aquellos que violan constantemente su salud, tarde o temprano se destruyen, por no hablar de que, por el camino, causan dolor y sufrimiento a los miembros de sus familias.
He llegado a la conclusión de que, después de Dios, mi esposa es la dueña de mi cuerpo. Cuando digo esto, no me refiero a la intimidad, sino al hecho de que, en caso de que un día sufra un percance, ¿quién se imagina que me levantará del suelo? ¿Adivina quién verá su vida arruinada por mi descuidado estilo de vida? Cuando el día de nuestra boda estamos ante el pastor oficiante prometemos amarnos, respetarnos y cuidarnos mutuamente hasta que la muerte nos separe. Me parece que en ello va implícita la promesa de que viviremos de manera tan saludable como sea posible para que nuestro cónyuge no tenga que sufrir innecesariamente a causa de nuestras indiscreciones en nuestra manera de Vivir.
Desde su fundación, la Iglesia Adventista del Séptimo Día incorporó ciertos principios de salud a su lista de normas. A menudo, los no adventistas son más sensibles a la importancia de vivir de manera saludable que muchos que dicen haber abrazado el adventismo. Reconozco que en el cielo habrá gente que jamás ha practicado el vegetarianismo; pero, en mi momento en que la sociedad en general se convence más y más de los beneficios de seguir ciertos principios de salud, resulta difícil entender por qué hay tantos que parecen ir en la dirección opuesta.
Entre usted y yo, no nos salvamos por ni a causa del mensaje de salud.  Pero el llamado a vivir una vida cristiana es también un llamado a llevar una vida saludable. «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3 Juan 2). Basado en Lucas 9:1,2

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 29 de julio de 2012

JESÚS EN PRIMER LUGAR


«Debajo de todo árbol frondoso y de toda encina tupida, es decir, en los lugares donde ofrecieron incienso de olor agradable a sus ídolos malolientes» (Ezequiel 6: 13, NVI).

Acerquémonos a ese árbol que está allá y descansemos un rato. Ah, qué maravilloso es poder descansar, y qué sombra tan agradable, ¿no es así? ¿Qué es esa piedra rota? Te voy a contar una y triste historia.
Cuando el pueblo del antiguo Israel vivía aquí, desobedecieron a Dios y comenzaron a adorar a los ídolos de las naciones vecinas. Aunque te parezca increíble, llegaron a construir dioses de piedra y se inclinaron ante ellos. ¿A ti te parece posible que algo hecho de piedra pueda hacer algo por ti? ¿Crees que es posible amar a algo que está hecho de piedra y que ese algo te ame? Por supuesto que no, pero eso es exactamente lo que gran parte del pueblo de Dios comenzó a creer. Qué triste.
Nosotros podemos actuar de una manera diferente y asegurarnos de que no estemos adorando a otros dioses. Yo no me estoy refiriendo a inclinarnos frente a dioses de piedra, sino a dejar que otras cosas ocupen el lugar de Dios en nuestra vida. La televisión, los deportes, e incluso ir a la iglesia pueden sustituir el hecho de llegar a conocer plenamente a Jesús. Decide conocer a Jesús con todo tu corazón, y nunca permitas que otra cosa ocupe el lugar que solo le corresponde a él en tu corazón.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

ABRAZANDO A NUESTROS SUEGROS


El hijo sabio alegra al padre; el hombre necio menosprecia a su madre. (Proverbios 15:20).

Esos señores mayores a quienes llamamos suegros, realmente deberíamos considerarlos como a unos segundos padres. Con ellos debemos compartir nuestros sueños, nuestros hijos y también el amor que sentimos por nuestra pareja. Los suegros forman parte de la familia del hombre que nos ama; por tanto, no los consideremos como si fueran meros extraños. Reconozcamos que más bien son nuestros consejeros y amigos. Respetarlos y amarlos contribuirá asimismo a la felicidad de nuestro esposo y a la de la pareja. Podríamos llamarlos papá y mamá, si es que eso los hace sentir que están más integrados en nuestro círculo del hogar. Para ellos podemos y debemos ser como una hija natural, con todo lo que eso implica.
Quizá nos pueda llegar a parecer imposible relacionarnos íntimamente con ellos. Demos gracias a Dios si acaso hemos logrado este objetivo, recordando que también ellos son los abuelos de nuestros hijos. Permitámosles que disfruten de sus nietos, de forma que los chicos sientan que el nexo que nos une está arraigado en el amor, de forma que el día que ellos no estén con nosotros permanezca el dulce recuerdo de su amor y compañía.
«El despreciar la autoridad de los padres lleva pronto a despreciar la autoridad de Dios. Así se explican los esfuerzos de Satanás por menoscabar la autoridad del quinto mandamiento. Entre los paganos se prestaba poca atención al principio ordenado en este precepto. En muchas naciones se solía abandonar a los padres o darles muerte cuando la vejez los incapacitaba para cuidarse así mismos. En la familia, se trataba a la madre con poco respeto» (Patriarcas y profetas, cap 29, p. 307).
Honremos a nuestros suegros y padres. Ojalá que cuando nos toque sentamos a mirar un álbum de recuerdos familiares podamos tener un grato recuerdo de lo que ellos representaron en nuestras vidas y en las de nuestros hijos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Lidia de Pastor

EL APLAUSO DE DIOS


Todo te saldrá bien, si procuras cumplir las leyes y disposiciones que el Señor ordenó. 1 Crónicas 22:13.

Deseas tener éxito en la vida? Tu respuesta, por supuesto, es un rotundo sí.
¿Quién no quiere triunfar? Muy bien, lee con sumo cuidado estas palabras: si quieres alcanzar el éxito, no lo persigas. Cuanto más lo persigas, tanto más te esquivará.
¿Recuerdas a Viktor Frankl, el psiquiatra austríaco que sobrevivió a los horrores de Auschwitz, el temible campo de concentración nazi? Él cuenta que cuando escribió el libro que en español se conoce como El hombre en busca de sentido, no quiso que su nombre apareciera en el libro. Frankl no quería fama. Solo quería transmitir al lector el mensaje de que «la vida tiene significado bajo cualquier circunstancia, aún las más adversas» (p. 16).
Finalmente, ante la insistencia de sus amigos, accedió colocar su nombre en la portada del manuscrito. El resto de la historia es conocido. El libro se convirtió en un éxito de librería. Para el momento de la muerte de Frankl, en 1997, se habían vendido más de diez millones de ejemplares y había sido traducido a 24 idiomas. Por supuesto, con el éxito vino la fama. Sin embargo, mientras vivió, nunca dejó de advertir: «El éxito, al igual que la felicidad, no se persigue, [simplemente] llega. [...]. Te llegará cuando no te preocupes por él» (Ibíd., pp. 16, 17).
Hay sabiduría en estas palabras. Alguien expresó la misma idea de otra manera: «El éxito es un viaje, no un destino. Y la felicidad se encuentra en el transcurso del viaje». Para comprobar la veracidad de estas palabras, basta pensar en los héroes juveniles de la Biblia: José, Daniel, Ananías, Misael, Azarías, Ester, Timoteo... ¿Cuántos de ellos vivieron obsesionados por el aplauso del mundo? ¡Ninguno! ¿Por qué, entonces, llegaron a ser grandes? Elena G. de White nos da la respuesta:
«EL SECRETO DEL ÉXITO ESTRIBA
EN LA UNIÓN DEL PODER DIVINO
CON EL ESFUERZO HUMANO».
(Patriarcas y profetas, p. 485]
No busques el aplauso humano. No esperes una felicitación por cada trabajo bien hecho. Haz cada día lo mejor que puedas, con la ayuda de Dios y para su gloria. Entonces el aplauso se oirá en el cielo.
Capacítame, Señor, para hacer de hoy lo mejor que pueda para la honra de tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

¿HA HABLADO DE SU FE?


«Vuélvete a tu casa y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo» (Lucas 8:39).

¿Cuántas veces hemos oído decir que debemos hablar de nuestra fe? Pero ¿qué significa hablar de nuestra fe? Por favor, no malinterprete lo que le diré. No digo que no debamos dar estudios bíblicos o dirigir reuniones de evangelización, más bien añado una dimensión que tal vez usted no había considerado antes.
Cuando pensamos en hablar de nuestra fe, es probable que pensemos en dar una serie de estudios bíblicos. Nos imaginamos que tenemos que ser expertos en la doctrina de la Biblia y haber memorizado docenas de textos. No todo el mundo se siente cómodo con ese método.
Jesús y sus discípulos tuvieron una experiencia que pone de manifiesto que hablar de nuestra fe incluye algo más que dar estudios bíblicos o la celebración de reuniones de evangelización. Cierto día, un hombre poseído por los demonios salió corriendo de entre las tumbas para atacar a Jesús y sus discípulos. Por favor, dedique unos minutos a leer la historia completa. Se encuentra en Lucas 8:27-39. Me gustaría que centrara su atención en el versículo 39.  Después de ser curado, el hombre quería ir con Jesús y dar testimonio en su favor; en otras palabras, quería hablar de su fe. Entonces Jesús le indicó cómo. Le dijo: «Vuélvete a tu casa y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo». Jesús no dijo: «Vete a tu casa y cuéntales que los cerdos se arrojaron al lago o que sus dueños estaban asustados». Al contrario, le dijo al hombre que fuera a su gente y que les explicara lo que Dios había hecho por él.
Lo ve, ¿verdad? Hablar de nuestra fe incluye algo más que la celebración de reuniones de evangelización o dar estudios bíblicos. Incluye decir a otros lo que Jesús ha hecho por nosotros. Es importante conocer la verdad y hablar de ella a los demás, pero es igualmente necesario que digamos no solo lo que Jesús ha hecho, sino lo que está haciendo ahora en nuestras vidas.
Si alguien le preguntara hoy lo que Jesús ha hecho por usted, ¿qué le diría?  Piense en ello y, siempre que pueda, hable de su fe. Diga a otros qué hace Jesús por usted. Basado en Lucas 8:27-39

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 28 de julio de 2012

PREPÁRATE PARA ESTO


«Está bien —me respondió—, te doy permiso para que hornees tu pan con excremento de vaca» (Ezequiel 4:15. NVI).

Tenemos que caminar con cuidado porque el versículo de hoy nos habla de excremento de vaca. ¿Cómo es que Dios habla de excremento de vaca en la Biblia? Él estaba tratando de enseñarle a Israel una lección importante, y aunque no lo creas, hasta el excremento de vaca puede servir para eso.
Como te darás cuenta, el pueblo de Dios había desobedecido de nuevo. Los israelitas solían hornear su pan en hornos de leña, pero un ejército estaba rodeando la ciudad y nadie podía salir a buscar la madera. Lo único que quedaba era excremento de vaca. La verdad, a mí no me gustaría usar excremento de vaca para hornear mi pan, pero si me estuviera muriendo de hambre seguramente lo haría.
A Dios no le gusta regañar pero a veces debe enseñarle lecciones a su pueblo. A pesar de que él a veces nos corrige, siempre nos da lo que necesitamos. Él nunca nos dejará pasar hambre, aunque no siempre nos dé lo que más nos gusta. Estoy muy agradecido porque Dios nos enseña las lecciones importantes de la vida y porque él siempre suple nuestras necesidades.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

AFERRADAS DE DIOS


Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza (Jeremías 29:11 NVI).

Ante todos los percances que precedían a nuestro viaje, debo admitir que en determinado momento dejé de orar para que mi esposo nos acompañara. Me conformé con la decisión que él había tomado. Sin embargo, mi hijo exclamó: «Mamá, yo voy a seguir orando para que mi papá venga con nosotros». ¡Qué reprensión para mi falta de fe! Decidí entonces comenzar de nuevo a orar con nuestro hijo.
En el momento en que las personas y los planes nos fallan y nuestra fe es probada debemos recordar que no estamos solos. Dios también usó a mi esposo para hacerme recordar otra hermosa promesa: «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre» (Sal. 73:25-26). ¡Qué Dios tan amante tenemos! Permitamos que nuestro precioso Salvador nos tome en sus brazos y nos guíe obrando en nuestras vidas un verdadero milagro.
El domingo, antes de emprender aquel largo viaje para asistir al retiro familiar, mi esposo nos dio una maravillosa noticia durante el culto de la mañana. Nos informó de que podría ir con nosotros al campamento familiar.  El Señor permitió que su trabajo se interrumpiera durante una semana, el tiempo exacto que necesitábamos para la travesía.
Por otro lado, el gato mejoró y no tendría que ser operado. Un buen amigo se ofreció a cuidar de nuestros animales y del jardín y el martes por la mañana, precisamente el día de nuestra partida, un amigo de mi esposo nos ayudó a conseguir el remolque que necesitábamos.  Nuestra fe fue probada, y las dificultades por las que pasamos nos hicieron valorar y apreciar más la ayuda divina.  Disfrutamos muchísimo del campamento y recibimos grandes bendiciones espirituales.
Querida amiga, no olvides que en cualquier circunstancia Jesús es nuestra fortaleza y apoyo. Como David, debemos decir: «Enséñame, Jehová tu camino» (Sal. 86:11).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Sherie Lynn Vela

EL APLAUSO POPULAR


Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse. 2 Timoteo 2:15, NVI

Si te ofrecieran tomar una droga que te garantizara una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, a sabiendas de que esa misma droga te matará al cabo de cinco años, ¿la tomarías? Imagino que tu respuesta es un no rotundo. Eso es lo que yo también respondería.
Según informa Roy Adams, en un editorial de la Adventist Review («Take what you get», 27 de noviembre de 2008, p. 6), se le hizo esta pregunta a un grupo de atletas estadounidenses. ¡Alrededor de un cincuenta por ciento de los encuestados respondió afirmativamente! Estarían dispuestos a consumir una droga que les garantizara la medalla de oro, aunque esa droga les asegurara la muerte al cabo de cinco años.
¿Es que nos estamos volviendo locos o qué?
Quizás la explicación a esta locura hay que buscarla en el exagerado culto a la personalidad que reciben las súper estrellas del deporte y del espectáculo. Son idolatrados por las multitudes y reciben millones de dólares por exhibir sus habilidades y destrezas.
Peor aún, se les perdonan sus excesos, sus desaires e incluso sus pecados. Un buen ejemplo lo encontramos en el caso de Tiger Woods, el mejor golfista del mundo. Cuando salieron a relucir sus «travesuras» sexuales y la descarada infidelidad hacia su esposa, un periodista de la cadena ESPN preguntó a un analista deportivo que debía hacer Woods para que el público lo perdonara. La respuesta del analista no pudo ser más ilustrativa. Parafraseo sus palabras: «Para ganar nuevamente el favor del público, Tiger tiene que volver a ganar. Recordemos el caso de Alex Rodríguez. Hace poco el público lo condenó por usar sustancias prohibidas, y al poco tiempo lo aplaudió por contribuir al triunfo de los Yanquis de Nueva York en la serie mundial [de 2009]».
Es decir, el público perdonará lo malo que la celebridad haga siempre y cuando triunfe en el mundo del espectáculo. ¡Qué escala de valores tan torcida!
Apreciado joven, estimada jovencita, no te dejes cautivar por el aplauso popular, ni por las promesas de fama, dinero y placer que el mundo ofrece. Nada en esta vida supera el gozo de la obediencia y la paz de una conciencia limpia. Nada se compara con el aplauso de Dios.
Padre mío, ayúdame a vivir hoy para agradarte a ti, no al mundo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

EL CRISTIANO Y LA ROPA


«Vuestro atavío no sea el externo [...], sino el interno, el del corazón, en el incorruptible adorno de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios» (1 Pedro 3:3,4).

Es interesante observar que la primera consecuencia del pecado fuera que Adán y Eva se sintieran desnudos (Gen. 3:4) y que el primer acto de redención de Dios consistiera en la confección de unas sencillas vestiduras. En cierta ocasión, Jesús y sus discípulos cruzaron el Mar de Galilea para dirigirse al país de los gadarenos. Cuando pusieron pie en tierra, un hombre que estaba poseído y andaba desnudo, corrió hacia ellos. Jesús sanó de inmediato al hombre y, cuando la gente vino a ver lo que había sucedido, lo encontraron sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio (Luc. 8:27-35).
Como bien puede ver, esta historia y la de Adán y Eva tienen que ver con la desnudez. En ambos casos, cuando se presentaron ante Dios, volvieron a estar vestidos.
Parece que últimamente ha aumentado la tendencia a la indecencia y la falta de modestia, tanto en la ropa femenina como en la masculina. Incluso se hace evidente en la ropa infantil. Lo que en un niño pequeño se podría considerar «gracioso», en un adolescente resulta falta de modestia. Los seguidores de Cristo tendrían que escoger el vestuario como si estuvieran ante Dios, cosa que, no olvidemos, es así.
Nuestra indumentaria nos identifica. Las fuerzas armadas de cualquier país tienen uniformes, así como las industrias y los negocios. Con ellos identificamos a las personas con el trabajo que desempeñan. Nuestra forma de vestir puede indicar nuestra ocupación; por eso el cristiano no debe vestirse imitando a quienes se les atribuye una baja condición moral. Aunque las estrellas de cine o los grupos de rock tengan el derecho a vestirse como les parezca, los que hemos aceptado el compromiso de Cristo no nos debemos identificar con ellos permitiendo que nos indiquen nuestra forma de vestir.
En resumen, los cristianos no adornamos un cuerpo que, tarde o temprano, envejecerá, sino que oramos para que nos adorne un carácter hermoso que jamás perecerá. Basado en Lucas 8:27-35

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 27 de julio de 2012

COMO DOS ARVEJAS EN SU CASCARA


«Toma en seguida un poco de trigo, cebada, mijo y avena, y también habas y lentejas; mézclalo todo en una sola vasija y haz con ello tu pan. Eso es lo que comerás durante los trescientos noventa días que estarás acostado sobre el lado izquierdo» (Ezequiel 4:9).

¿Alguna vez has comido lentejas? Probablemente has probado guiso de lentejas o sopa de lentejas. A mí me gustan mucho. Si las cocinas con ajo quedan deliciosas y son muy saludables.
¿Sabes de dónde salen las lentejas? Camina hacia acá y te lo mostraré. Las lentejas salen de una planta de unos 30 centímetros de alto. Las semillas de esta planta, que son las que nos comemos, nacen en parejas dentro de unas pequeñas cascaras que crecen en esta planta. En Estados Unidos usamos una frase que dice: «Ustedes son como dos arvejas en su cascara». Las lentejas pertenecen a la misma familia de las arvejas, así que tal vez quien creó la frase estaba refiriéndose a las lentejas. La frase significa que dos personas son muy amigas o que se parecen mucho.
¿Tienes un mejor amigo o amiga? Si es así, ¿por qué no le expresas hoy tu aprecio y amor? Si no tienes un mejor amigo o amiga tú puedes serlo para alguien que realmente lo necesite. Te darás cuenta de cuan divertido es ser «como dos arvejas en su cascara».

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

ASIDOS DE SU MANO


En el día que temo, yo en ti confío (Salmo 56:3).

Habíamos decidido asistir a un campamento familiar que se celebraría en un estado vecino. Fue en el transcurso de las dos semanas previas al viaje que mi esposo nos dio la triste noticia de que no podría acompañarnos. Eso significaba que una amiga y yo tendríamos que manejar solas desde California hasta el estado Washington, algo que yo no deseaba hacer.
Otro problema fue que una semana antes del viaje nuestro gato se fracturó las patas traseras. ¡Y solamente faltaban siete días para el viaje! Aquella misma semana mi madre perdió su trabajo y mi padre fue hospitalizado. El viernes antes del viaje descubrimos que el remolque de alquiler que utilizaríamos para transportar el equipaje tenía que haber sido solicitado con una semana de anticipación. Para colmo, era un fin de semana largo y todo iba a estar cerrado hasta el martes, el día que supuestamente íbamos a salir.
Conforme enfrentaba cada una de aquellas dificultades me di cuenta de que únicamente tenía dos opciones: depender completamente de mi Padre celestial y asirme de su brazo, aun cuando todo parecía incierto, o angustiarme, abandonando toda esperanza. Yo me decidí por la primera. Hoy reconozco que Dios estaba usando aquellos percances con el fin de desarrollar mi fe en él.
No me fue fácil creer y confiar en aquellas circunstancias. ¿Podría Dios hacer un milagro por nosotras? Alabado sea el Señor porque, sin tomar en cuenta nuestra incredulidad, nos ayudó. En medio de todo me vino a la mente su hermosa promesa: «Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera. Al contrario, gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con alegría» (1 Ped. 4:12-13).
«Las pruebas y los obstáculos son los métodos de disciplina que el Señor escoge, y las condiciones que señala para el éxito. El hecho de que somos llamados a soportar pruebas demuestra que el Señor Jesús ve en nosotros algo precioso que quiere desarrollar. Lo que él refina es mineral precioso» (El ministerio de curación, p. 373).
Recordemos siempre el consejo del salmista: «Echa sobre Jehová tu carga y él te sostendrá» (Sal. 55:22).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Sherie Lynn Vela

UNA DOSIS DE PROPIA MEDICINA


¡El Señor todopoderoso está con nosotros! ¡El Dios de Jacob es nuestro refugio! Salmo 46:11.

El siguiente relato nos viene de los inicios de la obra adventista en Colombia y tiene como protagonista al Pr. Max Trummer. Puedes leer los detalles de esta historia en Soldados de la cruz, de Wilma de Westphal (pp. 95-101).
Se encontraba el Pr. Trummer en los valles del sur de Santander, viajando a lomo de mula hacia una aldea llamada Chicacuta. Su propósito era predicar el evangelio de Jesucristo, como lo había hecho en muchos otros lugares de ese gran país suramericano, aunque sabía perfectamente que arriesgaba su vida a cada paso.
Los prejuicios religiosos en esa época estaban tan arraigados, que un dirigente de la iglesia popular de la zona contrató los servicios de un tal Antonio Moreno para que asesinara a Trummer. Moreno, a su vez, encargó la siniestra misión a tres criminales. La oportunidad de oro se les presentó a los tres antisociales una tarde, cuando el pastor viajaba por una zona montañosa, a unos cinco kilómetros de Chicacuta. Para su satisfacción, el pastor venía solo. Lo vieron descender por una loma, y luego lo perdieron de vista por unos instantes.
Entonces sucedió algo inesperado. Cuando apareció de nuevo a la distancia, el pastor Trummer estaba acompañado por un pelotón de soldados. Los criminales quedaron petrificados. No entendían de dónde ni cómo habían aparecido tantos soldados. Por las características del lugar donde se encontraban no podían huir, de manera que se quedaron allí, mientras el pastor pasaba frente a ellos y los saludaba cordialmente. Como no entendían bien qué había sucedido, los criminales a sueldo concluyeron que el pastor tenía mucha influencia en el ejército.
Días más tarde el pastor supo por qué los tres hombres a quienes saludó en el camino estaban tan nerviosos. Se había divulgado la noticia de que el pastor Trummer estaba protegido por un batallón de soldados.
—Cuando vi a esos hombres a lo lejos —explicó el pastor—, supe que tramaban algo malo. Entonces oré a Dios pidiéndole que enviara a su ángel protector.
Y Dios respondió ¡con un ejército de ángeles!
Dice el relato que poco después Antonio Moreno, el autor intelectual del fallido crimen, murió de manera violenta, ¡a manos de los mismos tres criminales que él contrató para matar al pastor Trummer! ¡Moreno se tragó una sobredosis de su propia medicina!

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

PAREDES MAESTRAS


«A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca» (Mateo 7:24).

Desde que era joven me ha interesado la arquitectura. No me refiero a los rascacielos y los puentes, sino a las casas. A menudo explico a los miembros de iglesia que a pesar de que tengamos mucho que agradecer porque entre nosotros se cuenten médicos y personas con una buena formación, no tenemos que olvidar que Jesús era un sencillo carpintero y que sus discípulos no pasaban de humildes trabajadores.
Cuando tenía dieciséis años trabajé para una empresa que se dedicaba a poner los acabados en las paredes del interior de las casas. Estoy convencido de que Dios me llamó al ministerio, pero desde aquel tiempo jamás he dejado de reconocer el trabajo de los albañiles, los carpinteros, los electricistas y otros obreros cuyas habilidades hacen posible que existan las casas
La casa en la que ahora vivimos fue construida en 1977. De vez en cuando las casas necesitan trabajos de mantenimiento y hasta alguna rehabilitación.  A medida que pasan los años procuro mantener mi casa en buen estado de conservación. Doy gracias por los años que pasé en la construcción.
Mi hija y su esposo viven cerca y, como puede imaginar, a menudo vienen a visitarnos. No hace mucho, mientras discutíamos sobre qué hacer para reformar el salón, mi yerno, apuntando hacia una dirección, dijo:
—Papá, creo que tendrías que derribar ese tabique. Así el salón será más amplio.
—Hijo —dije—, no puedo hacerlo. Esa es una de las paredes sobre las que se sustenta toda la casa. Es una pared maestra.
Jesús dijo que quien oye sus palabras, y no las obedece, «semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó y fue grande la ruina de aquella casa» (Luc. 6:49). Todas las casas tienen unan pared maestra. En nuestra vida, Jesús es esa pared. «Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, ¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios!» (Isa. 53:4). Jesús lleva la carga por nosotros y nos mantiene de pie en los rápidos del río de la vida. Por más que las olas nos azoten, no caeremos. Basado en Lucas 6:49

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 26 de julio de 2012

PUEDO VER A TRAVÉS DE TI


«El aspecto de las ruedas y su estructura era semejante al color del crisólito. Las cuatro tenían un mismo aspecto; su apariencia y su estructura eran como una rueda metida en otra» (Ezequiel 1:16, RV95).

¿No es un hermoso día? Hace un sol radiante. Y aquí estamos, caminando por un bonito sendero y contemplando el paisaje. ¡Espera! Mira esa hermosa piedra que está en medio del camino frente a nosotros. Casi la pisamos. Es verde y transparente. Yo sé qué clase de piedra es: es un crisólito. El crisólito es una piedra muy hermosa de color verde oliva, aunque no siempre es transparente como la que acabamos de encontrar.  A veces hay otros materiales dentro de ella y a veces está agrietada por dentro. Estas cosas ocurrieron cuando el crisólito se formó hace muchos años atrás.
Jesús quiere que seamos claros como el cristal, al igual que la piedra que encontramos hoy. Él quiere que nuestras vidas sean limpias y puras, transparentes ante los demás. Eso significa que debemos ser siempre sinceros y decir la verdad.  Y eso solo podemos lograrlo cuando fijamos nuestros ojos en Jesús, como dijimos ayer Deja que Jesús te modele hoy a su imagen y seas un cristiano transparente para él.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

ARRAIGADAS EN SU FORTALEZA


Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1:2-4).

Hace aproximadamente dos años tuve una experiencia muy especial. Aprendí mediante esta experiencia que para Dios no hay nada imposible. En aquel tiempo todo era sombrío y sin esperanza para mí. En el momento más angustioso, y cuando mi fe se encontraba más débil, pude ver la mano de Dios dirigiéndolo todo de una forma milagrosa. Aquella prueba me ayudó a conocerme y a evaluarme mejor. Pensé que si en el futuro me tocaba pasar por una prueba similar, no tendría mayores problemas con mi fe. ¡Cuán equivocada estaba, ya que me sucedió lo mismo que al pueblo de Israel! Más adelante, el Señor me hizo atravesar de nuevo por circunstancias parecidas, poniendo a prueba una vez más, mi confianza y fe en él.
Desearía poder decir que pasé la prueba, y que mis raíces estuvieron entrelazadas profundamente con las de Jesús, como las raíces de las secuoyas mencionadas en el día de ayer; pero no fue así. No obstante, aunque mi fe flaqueó, el Señor obró de nuevo de una forma milagrosa y perfecta en mi vida, y en su paciencia inagotable abrió las aguas del Mar Rojo cuando menos lo esperaba.
Amiga, cuan frágiles somos los seres humanos y con qué facilidad caemos si no estamos aferrados a Cristo. Le conozco que en el futuro podría ser probada de manera similar. Necesitamos mantenernos en guardia pensando en la experiencia del pueblo de Israel, y en la necesidad de que nuestras raíces espirituales se entrelacen con las de Jesús.
En una ocasión Jesús le dijo a una mujer pecadora «¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ni yo te condeno, vete y no peques más» (Juan 8:11).  El Señor nos dice lo mismo hoy. ¡Esto es maravilloso! No conozco a nadie que ofrezca ese tipo de perdón; la oportunidad de comenzar de nuevo. Consideremos nuestras caídas como lecciones que fortalecen y perfeccionan el carácter y estemos dispuestas a aprender de ellas.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Alma Arana

«AQUÍ ESTOY»


Aquí me tienen [...] si he oprimido o maltratado a alguno, o si me he dejado sobornan pueden acusarme ante el Señor y ante el rey que él ha escogido, y yo pagaré lo que deba. 1 Samuel 12: 3

Si Dios te hablara en forma directa, ¿podrías reconocer su voz? ¿Cómo sabrías que es Dios quien te habla? ¿Y qué dirías? Esta experiencia la vivió Samuel, el profeta bíblico, cuando apenas era un jovencito y se preparaba, bajo la dirección del sacerdote Eli, para servir al Señor.
El problema que enfrentó Samuel era doble. Por un lado, él nunca había escuchado la voz de Dios. Por lo tanto, no podía identificarla. Por el otro, la Escritura dice que «en aquella época era muy raro que el Señor comunicara a alguien un mensaje» (1 Sam. 3:1). Pero una noche, mientras dormía en su habitación del templo, Dios lo llamó por su nombre: «¡Samuel!». Creyendo que era Eli quien lo llamaba, corrió hasta la habitación del sacerdote.
Tres veces llamó el Señor a Samuel y tres veces el joven corrió hasta donde se encontraba el anciano. Entonces Eli entendió que Dios tenía un mensaje para el jovencito. Esa noche, cuando Dios estuvo listo para hablar, Samuel estuvo listo para escuchar. A partir de ese momento, comenzó una linda amistad que duraría muchos años. Cuando desde el cielo Dios lo llamaba: «¡Samuel!», dondequiera que estaba, Samuel respondía: «Habla, Señor, que tu siervo escucha».
¡Qué privilegio el de Samuel! ¡Toda una vida de amistad con Dios! Como producto de esa amistad surgió uno de los líderes más grandes del pueblo hebreo. Un líder tan íntegro, que cuando ya era anciano, en su discurso de despedida pudo decir al pueblo: «Aquí estoy. Si en algo he actuado mal, díganmelo ahora». Nadie pudo decir nada en su contra. ¡Qué vida tan destacada! Yo no sé si podría hacer lo mismo. ¿Podrías tú?
Si el Señor te llamara por nombre ahora mismo, como llamó a Samuel, ¿podrías responder: «Habla, Señor, que tu siervo escucha»? No importa la edad que tengas, este es un buen momento para dar inicio a una linda amistad con Dios. Una amistad que dure para toda la vida.
Señor, ayúdame a distinguir tu voz entre tantas otras voces. Y dame poder para obedecerla, no importa el precio que tenga

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

ACCIONES, NO PALABRAS


«No todo el que me dice: "¡Señor, Señor!", entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 7:21).

En su palabra, el Señor nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir una vida de obediencia hacia él. Pero tenemos que leer y buscar la verdad por nosotros mismos. Y luego hay que aplicarlo a nuestra vida; es decir, es preciso que obedezcamos y vivamos según los principios que hayamos encontrado.
Charles Swindoll presenta la siguiente ilustración hipotética: Imagínese, por ejemplo, que trabaja para una empresa cuyo presidente necesita salir del país y pasar una larga temporada en el extranjero. Por ese motivo, a usted y otros empleados de confianza los reúne y les dice:
—Me marcho. Mientras esté fuera quiero que le dediquen mucha atención al negocio. Mientras esté ausente, ustedes se encargarán de la dirección. Recibirán noticias mías con regularidad y les daré instrucciones al respecto de lo que tienen que hacer hasta que regrese.
Todos están de acuerdo. El empresario se va y no regresa hasta al cabo de dos años. Durante ese tiempo, escribe con frecuencia y comunica sus deseos y preocupaciones. Finalmente, regresa. Se acerca a la puerta principal de la empresa y descubre que todo está hecho un desastre: los jardines están llenos de maleza, las ventanas de la fachada están rotas, el recepcionista duerme una siesta, en algunas oficinas se escucha música a un volumen excesivo, dos o tres personas juegan a las cartas en el comedor... En lugar de obtener beneficios, el negocio ha sufrido pérdidas considerables. Sin vacilar, los reúne a todos y, frunciendo el ceño, pregunta: 
—¿Qué sucedió? ¿No recibieron mis cartas? 
Usted responde:
—Por supuesto que sí. Recibimos todas sus cartas. Incluso llegamos a encuadernarlas. Algunos hasta nos las hemos aprendido de memoria. De hecho, cada sábado tenemos «estudio de las cartas». ¿Sabe?, ¡son realmente estupendas! Entonces probablemente el presidente pregunte: 
—¿Pero qué hicieron con las instrucciones que les di? Con toda seguridad, los empleados responderían:
—Hacer, lo que se dice hacer... no hicimos nada. Eso sí, nos las leímos todas. Y aquí se acaba la ilustración.
Usted sabe quién es el «Presidente». Además, estoy seguro de que también tiene el libro de sus «cartas». Pero además de leer las cartas tenemos que hacer lo que dicen.  La Escuela Sabática tiene que ser algo más que un mero «estudio de las cartas»; es preciso que sigamos las instrucciones del «Presidente».  Basado en Lucas 6:46

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

miércoles, 25 de julio de 2012

FIJA TUS OJOS EN JESÚS


«Con los ojos cansados, pero atentos, en vano esperamos ayuda. Pendientes estamos de la llegada de un pueblo que no puede salvar» (Lamentaciones 4:17).

¿Tú usas anteojos? ¿Conoces a alguien que use anteojos o lentes de contacto? El pecado ha hecho que las cosas se deterioren, incluyendo los ojos de las personas. Algunos tienen que usar anteojos para corregir el problema que tienen en su vista. Al momento de escribir esto tengo 43 años, y hasta hace poco no tenía que usar anteojos. Ahora cuando leo letras pequeñas se ven borrosas y se me hace difícil leerlas. Tengo que usar anteojos para leer.
El versículo de hoy habla de otra clase de problema de la vista. Esta gente tenía problemas de la vista porque estaban buscando ayuda en el lugar equivocado. Estaban buscando que los salvara una nación. La verdad es que el único que puede salvarnos es Dios. Al único que debemos buscar para eso es a él. En las buenas y en las malas él siempre puede guiar nuestras botas por el camino correcto. No dejes que tus ojos te fallen fijándote en personas, en el dinero o cualquier otra cosa que creas que puede salvarte. Pon tus ojos solo en Jesús, el único que puede sanar tu problema de visión y mantenerte en el camino correcto al cielo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

RAÍCES PROFUNDAS


Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado (Juan 17:23).

Se supone que el follaje de muchos árboles es un reflejo de sus raíces. Sin embargo, esto no se cumple en el caso de la secuoya. Sus raíces son bastante superficiales y poco profundas. Si uno de estos árboles crece aislado de otros de su especie, podría ser derribado por el viento, ya que las características de sus raíces los hace inestables. En cambio, cuando dos o más secuoyas crecen en relativa proximidad, sus raíces se entrelazan, fortaleciéndose mutuamente. Al desarrollarse juntos adquieren una mayor fortaleza.
La anterior ilustración me ayudó a entender mejor algunos conceptos relacionados con la vida espiritual. Es obvio que en mis caídas he actuado como un árbol de secuoya aislado: dichas caídas podrían haberse evitado si mis raíces hubieran estado entrelazadas con las de mi Salvador Jesús.
Eso me llevó a recordar la historia del Éxodo cuando Dios, por medio de Moisés, liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. La protección de Dios permitió al pueblo de Israel conocer que él estaba con ellos. Israel vio la manifestación del poder de Dios en las plagas. Luego marcharon en medio del mar y fueron librados de un ejército que se acercaba para capturarlos y llevarlos de nuevo a la servidumbre. Dios sacó a su pueblo de la esclavitud, lo alimentó, lo calzó, lo protegió del calor del sol y del frío de la noche, y lo llevó a la tierra prometida. Ante tantas evidencias del poder divino, los israelitas no debían haber tenido motivos para que su fe flaqueara. Sin embargo, la historia de Israel presenta constantes caídas, quejas, desconfianza, murmuraciones y desobediencia.
Durante mucho tiempo no pude entender la actitud tan ingrata de aquel pueblo. No entendía la razón de sus constantes caídas y lo rápido que olvidaban los favores de Dios. Me decía: «¿Cómo pudieron olvidarse de quien mostró tanto amor por ellos?». Obviamente, sus raíces no estaban entrelazadas con las de Jesús.
¡Aprendamos de las secuoyas!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Alma Arana

¿JUGANDO PARA DOS EQUIPOS?


El Señor tu Dios te bendecirá con mucha prosperidad [...] siempre y cuando obedezcas al Señor tu Dios. Deuteronomio 30:9,10.

El siguiente relato nos lo cuenta Adriel D. Chilson (When God Provides [Cuando Dios provee], pp. 107-108), e ilustra muy bien la verdad de nuestro versículo para hoy.
Es la historia de un adventista que administraba una estación de gasolina en California. Bajo presión de parte de los dueños de que abriera la gasolinera los siete días de la semana, el hombre decidió contratar a alguien para que manejara el negocio el día sábado. Él sabía bien que esto no era correcto, pero siguió adelante con sus planes.
El arreglo, sin embargo, no funcionó. Las ventas bajaron tanto que la compañía envió a un supervisor para averiguar qué estaba pasando. Este supervisor sabía que nuestro hermano pertenecía a la iglesia adventista local. Es por ello que, además de evaluar en forma negativa su productividad en la estación, lo censuró por su infidelidad.
—Usted no es un miembro fiel de la iglesia —le dijo—. Si lo fuera, no abriría la estación los sábados.
—Pero ustedes no me permitirán manejar la estación si no la abro los sábados 
—respondió el adventista.
—Esto es lo que voy a hacer —dijo el supervisor—. Recomendaré que sea despedido. Pero antes le daré un consejo. Usted tiene que definir para qué equipo juega. Mientras esté tratando de jugar para dos equipos, ni el diablo lo puede ayudar, ni Dios lo puede bendecir.
El relato cuenta que la compañía luego entrevistó a dos adventistas para administrar la misma estación. A diferencia del otro adventista, estos dejaron en claro que solo la abrirían seis días a la semana. Cuando el gerente de la zona expresó su preocupación por las posibles consecuencias, ellos replicaron:
—Produciremos tanto en seis días como las estaciones que abren los siete días. Si somos fieles a Dios al observar el día de reposo, él nos bendecirá.
Se les dio el trabajo. Para hacer más breve la historia, basta decir que las ventas fueron las mayores en los catorce años de historia de esa estación.
Define hoy para que equipo estás jugando. Tal como lo indica nuestro versículo para hoy, Dios te bendecirá mientras obedezcas sus mandamientos.
Padre amado, gracias porque eres fiel a tus promesas.  Ayúdame a recordarlas en el momento de la prueba.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala