sábado, 19 de noviembre de 2011

A GRAN PRECIO

Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hambres. (1 Corintios 7:23).

Durante uno de sus viajes a pie, Martín Lulero llegó a la casa de unos campesinos y pidió alojamiento. Aquella humilde familia, sin saber a quién estaban alojando, dio al transeúnte un trato espléndido. Cuando les dijo quién era rehusaron recibir dinero alguno, pero pidieron al gran reformador que orara por ellos y que dejara en la pared de su vivienda un mensaje como recuerdo de su visita. Martín accedió y después de orar escribió con tinta: «Domini sumus». Como ellos no entendían latín le preguntaron qué significaban aquellas palabras, y Lulero respondió: «Somos del Señor».
Ni las huestes del mal, con toda su furia, sus lácticas engañosas y sus trampas y artimañas, pueden cambiar el hecho de que hemos sido comprados por la sangre preciosa de Cristo Jesús. Estoy segura de que aquella mujer, cuyo nombre no conocemos, atesoró en su corazón las palabras que la convirtieron en una mujer libre en Cristo.
Tal vez tú no hayas recibido la visita de ningún gran hombre como Lulero que escriba en la pared de tu hogar un mensaje de vida, pero puedes hacer tuyas las palabras «somos del Señor» y permitir que lleguen a tu corazón y surtan el mismo efecto que en el de aquella mujer. Tu vida puede ser transformada por la sangre preciosa de Cristo, quien te convirtió en propiedad suya por creación y por redención.
Se cuenta que un niño echó al lago un barquito de madera que él mismo había construido, pero hacía tanto viento que el bote se fue comente abajo, y la criatura se quedó desconsolada. Días después vio su barco en una tienda de juguetes. Habló con el dueño y le explicó lo sucedido, pero este le respondió que él se lo había comprado a otro niño y que el único modo de que volviera a ser suyo era si lo compraba. El niño miró su barco, recordó el día en que lo había hecho, los momentos felices en los que había jugado con él, metió su manilo en el bolsillo y sacó el dinero. Una vez en sus manos, lo abrazó, diciendo: «Ahora eres doblemente mío, porque te hice, y porque te compré».

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

LA HORA DEL SERMÓN

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. Hechos 20:7.

Hacía unos meses que habíamos dejado la universidad y con mi esposa nos encontrábamos trabajando en un colegio adventista. Como los sábados en ese colegio funcionaba una iglesia, le pidieron a ella que atendiera al grupo de Primarios. Mi esposa aceptó gustosamente y después me hizo un pedido: "David —me dijo— estas aulas funcionan los días de semana como colegio, pero el sábado tienen que funcionar como aulas de iglesia. ¿Es posible que comencemos a venir 30 o 40 minutos antes que comience la escuela sabática? Así preparo el aula y la dejo en condiciones". No fue de mi mayor agrado su pedido, ya que los sábados, en esos años, los aprovechaba para dormir unos minutos más. Pero como vi que el pedido era razonable y que la preparación del aula era más importante que mis minutos de sueño, accedí.
El primer sábado llegamos realmente temprano, y después de dejarla en su aula, fui caminando despacio hacia el templo. Totalmente vacío, sentí que era el momento oportuno para conversar con Dios, así que me arrodillé y le pedí que ese sábado me ayudara a concentrarme en su Palabra, y que el mensaje que diera el predicador pudiera ser de ayuda para mi vida espiritual.
Ese sábado ocurrió un milagro. Al terminar la predicación, muchos decían que "no les había gustado", que "había estado aburrido" o que "el tema no era entretenido". Quedé extrañado, porque yo había disfrutado cada palabra dicha por el predicador.
¿Qué había pasado? Dios había cambiado mi actitud hacia el culto, y había puesto toda mi atención y mi esfuerzo por atender y aprender lo que se estaba diciendo. Al finalizar, me sentía realmente bendecido porque tenía la seguridad de que el Espíritu Santo había guiado el mensaje.
Con cuánta razón la mensajera del Señor nos aconsejó: "Cuando se habla la palabra, debéis recordar, hermanos, que estáis escuchando la voz de Dios por medio del siervo que es su delegado. Escuchad atentamente" (Joyas de los testimonios, t. 2, p. 195). Supongo que los cristianos de Troas estaban viviendo este consejo, ya que Pablo "alargó el discurso hasta la media noche", y como estaban interesados, "habló largamente hasta el alba" (Hech. 20:11).
Dios quiere comunicarse contigo por medio de la Biblia, de la naturaleza y de la exposición de su Palabra. Procura oír "la voz de Dios por medio del siervo" que prédica, y la bendición celestial llenará cada rincón de tu corazón.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

ESCLAVOS

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Romanos 8:20.

¿Cómo rescatar al ser humano? ¿Es fácil traerlo de vuelta? No, no lo es. Por una simple razón: desde el momento en que Adán y Eva fueron derrotados por el enemigo, se volvieron esclavos de él. Eso es lo que dice Pablo, y lo confirma Pedro: la persona derrotada se vuelve esclava del que la venció.
Estos días, estoy leyendo un libro de la escritora cubana Teresa Cárdenas, titulado Perro viejo. Es la historia de un esclavo cubano, de los tiempos en que ser esclavo era ser una cosa, un objeto, sin voluntad. Las mujeres esclavas eran consideradas reproductoras de pequeños esclavos, que eran vendidos como mercadería por los señores. Bueno, eso es lo que somos cuando nos volvemos esclavos del enemigo: simples cosas, objetos. Él hace y deshace en tu vida; gobierna, absoluto, en tu experiencia. Te roba la alegría, destruye a tu familia, acaba con tus sueños, en fin, no te deja ser feliz. Se considera tu dueño.
Pero, esta esclavitud no se limita a los seres humanos. Pablo, en el versículo de hoy, declara que, después del pecado, la creación toda fue sujeta a vanidad. Es elocuente la palabra "sujetada". En el original griego es Hupotaso, que significa estar subordinado, sometido. Y la palabra vanidad, en griego, Mataiatos, es depravación, perversión.
Analiza lo que Pablo afirma. Él habla de la naturaleza, de la Creación. Quiere decir que la naturaleza, también, está sometida al enemigo; está subordinada a la perversión. ¿Ahora entiendes por qué la naturaleza se vuelve tan salvaje? Obedece a las fuerzas del enemigo porque, con la entrada del pecado, la naturaleza también quedó esclavizada, sujeta, sometida a las fuerzas del mal.
Ésto significa que, si el ser humano y hasta la naturaleza están malogrados por el pecado, la solución para este problema no puede provenir de la esfera humana, sino de fuera; de una dimensión que no sea corrupta, de un ambiente que no haya sido tocado por el pecado. Y esto solo podría suceder mediante Cristo.
Coloca tu esperanza en Jesús; solamente en él. No te contagies del humanismo, que domina la cultura de nuestros días. Recuerda que "la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón