domingo, 8 de mayo de 2011

LAS DOS SILLAS

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado. (Salmo 1:11).

En una ocasión escuche por la radio la interesante experiencia de un profesor que, con el consentimiento de sus alumnos, realizo un experimento en el aula. Prepare una réplica de una silla eléctrica que hizo reflexionar a los que se sentaron en ella.
Pensé entonces en cuantas personas viven sin darse cuenta de que tendrán que elegir la silla en la que querrán sentarse al final de sus días. Por una parte tienen la silla del placer, cómoda, atractiva, fácil, repleta de deseos satisfechos y vicios acariciados, pero que al final se convierte en un arma de muerte. Por otra parte pueden elegir la silla del servicio, la abnegación y el dominio propio. El fin de esta silla aparentemente tan incómoda es muy distinto al de la anterior. Esta silla será colocada al lado del trono más majestuoso que pueda existir, el trono de Dios en el cielo.
Esta experiencia tuvo tal impacto sobre mi mente, que noches después tuve una pesadilla en la que veía como ejecutaban a mi hijo mayor en una silla eléctrica. Me desperté aterrorizada y me costó mucho trabajo volver a la realidad. Antes tuve que ir a abrazar a mi hijo para confirmar que estaba vivo. Entonces le conté lo ocurrido y le mostré la importancia que tiene el hecho de sentarnos en la silla correcta.
Es cierto que cada persona tiene derecho a elegir su final. Este es un hecho que Dios mismo ha permitido al colocar en cada ser humano el libre albedrio. Pero no debemos dejar pasar la oportunidad que nos da la experiencia para transmitir de generación en generación el deseo que tiene nuestro Padre Celestial de vernos sentados en la silla que el mismo ha preparado con tanto amor, y que estará vacía hasta el día en que los redimidos ocupen su lugar. No dejes de orar y velar porque tu vida pueda terminar en esa silla y, como madre, muéstrasela a tus hijos.
¡Oh, Señor, que mis hijos puedan sentarse muy pronto junto a ti!

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

RECREACIÓN EN LA IGLESIA (PARTE 1)

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas. Hechos 2:44.
En mi tercer año de Teología tuve la oportunidad de participar en una campaña evangelizadora. La misma se llevó a cabo en un pequeño pueblo de unos cinco mil habitantes, y junto a dos compañeros de estudio colaboramos dando estudios bíblicos a las personas interesadas. Al final de los tres meses de campana, veinticuatro personas se entregaron al Señor a través del bautismo y llegaron a ser parte de la Iglesia Adventista.
Para el día siguiente, el pastor distrital había organizado un picnic con la iglesia. De niño mis padres me habían llevado a algunos picnics con los hermanos de iglesia, pero este era distinto, porque estaban los "antiguos" miembros de iglesia y también los que se habían agregado recientemente.
Al llegar al predio vimos que habían algunas canchas de futbol, un rio con aguas frescas, cancha de voleibol, una hermosa arboleda, y mucho terreno para disfrutar de un día al aire libre. Poco a poco se formaron grupos familiares y de amigos que participaban de juegos, mientras otros nadaban y jugaban en el rio. La hora de almorzar fue una verdadera fiesta: la variedad de alimentos, al ánimo reinante en todas las mesas y la disposición de compartir entre todos, hizo de ese momento un día inolvidable.
Sin exagerar, podría afirmar que esa fue una verdadera recreación. Realmente recibimos fuerzas para continuar con nuestras labores al participar de un momento de camaradería entre hermanos de la misma fe. Los nuevos miembros de iglesia, que habían comprendido que hay diversiones que los cristianos no debemos participar, aprendieron que hay otras que podemos disfrutar y que las mismas cuentan con la bendición del cielo.
Los primeros cristianos disfrutaron de esos momentos de compañerismo con el Creador y sus hermanos en la fe, y "partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón" (Hech. 2:46). Aunque para muchos mundanos e incrédulos esta hubiera sido una reunión desabrida o aburrida, la seguridad de saberse perdonados y salvos, brindaba una alegría que ninguna fiesta mundana podría brindar.
¡Que privilegio será participar de ese gran picnic que se hará en el cielo, después de que Jesús venga a buscar a su pueblo! También habrá una abundancia de alimentos, millones y millones de hermanos en la fe, una naturaleza sin mancha de pecado y lo novedoso: la presencia visible del Salvador. Si no lo has hecho, participa con tu iglesia local de un picnic en la naturaleza, y podrás anticiparte a los regalos que Jesús nos dará después que regrese.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

LLORO EN GOZO

Y cambiare su lloro en gozo, y los consolare, y los alegrare de su dolor. Jeremías 31:13.

La noche dura solo doce horas. En la peor de las hipótesis, catorce; o veinte, en las tierras polares. Pero, no importa su extensión, el día viene. Es una ley de la vida. No existe noche sin día. En esta vida, todo acaba: acaban las cosas buenas, los momentos felices desaparecen, la juventud se va, la primavera se hace invierno... en fin. Pero, si es verdad que las cosas buenas acaban, también acaban las cosas malas.
La promesa que Dios presenta en el versículo de hoy es, justamente, acerca del fin de las cosas malas. El dolor, la tristeza y las lágrimas llegaran a su término. En esta tierra, parcialmente; pero, cuando Jesús vuelva, colocara un punto final a la historia del pecado. Y, consecuentemente, las lágrimas y el dolor desaparecerán para siempre.
Pero, mientras vivas en este mundo, no estarás ajeno al dolor y al sufrimiento. Cuando menos lo esperes; cuando piensas que tu sol brilla esplendoroso y tu cielo está más azul que nunca, puede aparecer la tormenta. No te asustes. El dolor es la ley de este mundo de pecado.
A pesar de eso, no te concentres en el dolor, sino en la promesa que Dios te hace. El enemigo puede traer dolor a tu vida hoy y mañana, pero vendrá el tercer día, en que el enemigo tendrá que batirse en retirada.
Así fue con Jesús. Aquel viernes de tarde, cuando el Salvador expire en la cruz del Calvario, el enemigo pensó que había vencido. Todo el plan de salvación parecía haberse desmoronado. El sábado, mientras Jesús reposaba en la tumba, el enemigo continúe celebrando su aparente victoria; pero, al tercer día, la muerte tuvo que dar lugar a la vida. Las entrañas de la tierra se abrieron, y el Señor Jesús resucito victorioso. Y, con su resurrección, nos enseñó la lección más extraordinaria para enfrentar el dolor: siempre hay un tercer tiempo, en que la noche tendrá que dar lugar al día; en que el invierno se esconderá de la primavera.
¿Estás viviendo el invierno crudo de tu vida? ¿Sientes que no tienes más fuerzas para resistir? No te desesperes: Dios nunca permitirá que llegue a tu vida una prueba que no puedas soportar. Cuando la noche parezca más oscura es cuando, de un momento a otro, el sol del nuevo día despuntara en el horizonte.
Por eso, hoy, a pesar de las nubes negras que puedan oscurecer tu día, parte para enfrentar los desafíos de la vida seguro de la promesa divina: "Y cambiará su lloro en gozo, y los consolare, y los alegrare de su dolor".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón