domingo, 23 de enero de 2011

¿TE HAS VISTO EN EL ESPEJO?

«El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu», Proverbios 15: 13.

Cuando te ves en el espejo, ¿te gustaría cambiar algo de tu rostro o de tu cuerpo? Se han puesto de moda las cirugías plásticas porque las personas no están contentas con su apariencia. Lamentablemente esto ya afecta a mucha gente joven, especialmente a las chicas. A lo mejor pensarás algo así como: «Bueno, pero esas cosas a mí ni me interesan...» ¡Con todo, sí es un tema importante!
Estás creciendo, tu cuerpo sufre los cambios característicos de tu edad, y poco a poco la opinión que tienes de tu físico será diferente. Por eso, desde ahora sería bueno que recuerdes que, así como el Señor te creó, estás bien. Siéntete a gusto con tu cuerpo, y recuerda que la belleza no es más importante que el carácter.
Tienes que aprender a aceptarte. No envidies lo que a otros les tocó. Dios te ama así como eres. Eso es importante. Trata de aprovechar tu cuerpo al máximo manteniéndote alegre, feliz, y tratando de crecer cada día con el objetivo de ser una bendición para quienes te rodean.
Eleanor Roosevelt no era realmente muy bonita. Fue una mujer simple exteriormente, pero ella no dejó que eso la afectara. Llegó a desarrollar cualidades que la hicieron ser hermosa a los ojos de las demás personas. Se casó con Theodore Roosevelt, que fue presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, y se convirtió en una gran defensora de los derechos humanos.
Ella dijo en una ocasión: «El futuro le pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños». Conéctate con la fuente de la belleza y lograras lo que te propongas sin depender de tu físico.

Tomado de meditaciones matinales para menores
Conéctate con Jesús
Por Noemí Gil Gálvez

UN MENSAJE. UNA RESPUESTA

Díganle a Ezequías que así dice el gran rey, el rey de Asiría: «¿En que se basa tu confianza?» (2 Reyes 18:19 NVI)

La realidad que afrontaba en aquel, entonces el rey Ezequías no era nada fácil Como nación habían desechado a Dios, el único ser digno de confianza, y en su lugar se apoyaban en el brazo humano para que los ayudara a vencer sus batallas. ¡Qué terrible situación! ¿Cuántas veces cometemos nosotras el mismo error y, dejando de confiar en Dios, ponemos nuestra fuerza en los recursos humanos? Ahora, con prepotencia, se presentaba ante el pueblo de Israel la poderosa nación asiría, con un mensaje que no solo atemorizaba a los dirigentes, sino a todo el pueblo. «¿Quién les librará de mis manos? -repetía una y otra vez el emisario asirio-, ¡No hay dios capaz de truncar mis planes!».
Como mujeres cristianas hemos tenido que escuchar en nuestras vidas mensajes similares a este. De una y otra forma los demás vierten sobre nosotras palabras de desánimo, que nos bajan la autoestima y nos descorazonan. ¡Cuántas veces desmayamos ante las vicisitudes que debemos enfrentar porque aquellos que nos rodean nos envían mensajes desalentadores! ¡Cuántas madres solteras, que asumen también la función de padres tratando de guiar a sus hijos por el buen camino sin aparentes resultados positivos, no reciben una palabra de aliento! ¡Cuántas mujeres venden sus cuerpos porque no han encontrado otra salida y son rechazadas y marginadas por propios y extraños! Las amenazas reales que afrontamos las mujeres provienen de un ser que, por detrás, se jacta pronunciando las palabras: «¿Quién os librará de mi mano?». Con prepotencia, el enemigo intenta destruirnos, atormentándonos con nuestros errores pasados.
Tanto el pueblo israelita como el rey conocían sus pecados pasados, su falta de lealtad al Dios que. los había apartado para que fueran su especial tesoro. Pero lo más maravilloso de esta historia no es el drama sangriento que representaba aquel arrogante rey asirio, sino la actitud de Dios frente a tal escenario: «Yo ampararé esta ciudad para salvarla» (2 Rey. 19:34).
Nunca olvides que, a pesar de las circunstancias, él te amparará para salvarte.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

JESÚS Y LAS MADRES

Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.
Lucas 7:13.

En la época de Jesús el valor de la mujer en la sociedad era mínimo. Las mujeres y los niños prácticamente no contaban de una manera apreciable como "personas". Incluso cuando aparecen como protagonistas, muchas veces las Escrituras no registran sus nombres. Un caso notorio es el del niño que le dio a Jesús los cinco panes y dos peces para que hiciera el milagro de alimentar a la multitud. Ignoramos totalmente cómo se llamaba. El mismo relato declara que el Maestro alimentó a "cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños" (Mat. 14:21). ¿Por qué razón no se contaban a las mujeres y los niños, si ellos también participaron del milagro? Simplemente porque no se les daba mucho valor.
Por esa misma razón, los discípulos creyeron que las madres que traían sus hijos a Jesús para que los bendijera eran un estorbo. Para ellos era totalmente razonable que Jesús no quisiera ser importunado por asuntos de poca importancia como el deseo de aquellas madres. Por su parte, "Jesús se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios" (Mar. 10:14).
Su amor por los niños y las madres se manifestó en muchas ocasiones, y una de estas fue el gran milagro que realizó a las afueras de Naín. Jesús estaba por ingresar a la ciudad de Naín y "cerca de la puerta" vio un cortejo fúnebre que se dirigía afuera de la ciudad para enterrar al difunto. El caso era realmente triste, ya que el joven fallecido era el único hijo de una mujer viuda, "Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate" (Luc. 7:12 -14). Inmediatamente el muchacho volvió a la vida para alegría y felicidad de todos, pero especialmente de esa madre que no encontraba palabras para agradecerle al Autor de la vida el regalo que le había propiciado.
El ejemplo de Jesús repercute hasta nuestros días y te llama para que siempre valores a la mujer, particularmente a la mujer que te dio el ser. Ese aprecio debe expresarse diaria y constantemente. Hemos de respetar y apoyar a todo ser humano, tanto a los encumbrados e influyentes como a los débiles y marginados. Si te dices seguidor de Jesús, debes imitarlo también en este aspecto.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

¿CORRECCIÓN O CASTIGO?

¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar. Habacuc 1:12.

“Yo solo quería ser feliz. Nunca fue mi intención traer dolor a tanta gente", albuceaba Patricia, con la cabeza entre las manos, sollozante y desesperada.
Tal vez no quisiese: nadie quiere, en sana conciencia, hacer sufrir a las personas que ama. Pero, la vida es así: entras en un tobogán, y despiertas recién cuando el dolor es una realidad. Patricia es el típico ejemplo de alguien que no quiso ajustar su vida a las enseñanzas divinas. "No me gusta le religión -decía-, porque no tienes libertad. ¿Por qué Dios tiene que decir todo lo que debo hacer?"
El texto de hoy habla de cuatro atributos divinos: su eternidad, su santidad, su justicia y su poder. De estos cuatro, el más difícil de ser aceptado por el ser humano es, tal vez, la justicia.
Después de la entrada del pecado, el ser humano se volvió independiente; se apoderó de la vida que le fue confiada. Se hizo señor de su propio destino. ¿Cuál fue el resultado? Dolor, tristeza, sufrimiento y muerte.
Cuando la serpiente se presentó a Eva en el Jardín, llegó con una idea seductora: "No necesitas de Dios. La obediencia tiene, como único propósito, conservarte en el plano de una simple criatura. Tú puedes ser más que eso. Puedes decidir lo que es bueno o malo para ti".
Eva cayó; Adán, también. Continuamos cayendo todos los días. En las horas de dolor y de desesperación, acudimos al poder divino. En los momentos de enfermedad y de muerte, pensamos en la eternidad de Dios. Cuando el pecado mancha nuestra vida al punto de asfixiarnos, recordamos su santidad. Pero, en momento ninguno aceptamos su justicia; por lo menos, no la justicia de la que habla Habacuc en el texto de hoy.
El profeta usa la palabra hebrea Mishpat, que significa, literalmente, el hecho de decidir un caso. Si Dios es justo, es él quien decide. El ser humano tiene el derecho de aceptar o rechazar el camino que Dios le presenta, pero no tiene el derecho de escoger el mal y llamarlo bien: Dios es el único que se atribuye el derecho de decidir lo que es correcto o incorrecto, moral o inmoral.
Haz de este día un día de sumisión a la justicia divina. Jamás pierdes al hacerlo. Creces, ganas, y tienes la garantía de la vida eterna. Di, como Habacuc: "¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón