sábado, 12 de diciembre de 2009

DIOS DA MÁS DE LO QUE PEDIMOS

Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente (Hebreos 12: 28).

Como padres, mi esposo y yo nos hemos preocupado por enseñar a nuestros hijos a confiar plenamente en Dios hasta el último momento. Una noche el presidente de nuestra Asociación llegó a la casa para proponernos un cambio de escuela. ¡No lo podía creer! Nos sentíamos tan contentos en el sitio donde laborábamos: teníamos una casa bonita y segura, y ahora nos enviaban a una ciudad muy grande y peligrosa. Sentí que Dios me probaba para ver lo que había en mi corazón. Nunca nos hemos rehusado a un cambio, sin embargo, lo pusimos en oración.
A partir de ese día, empezamos a orar en el culto familiar de la siguiente manera: «Señor, danos una casa con un patio grande, cerca de la escuela y con tres recámaras». ¿Por qué era ésta mi petición? Tengo cuatro hijos, dos niñas y dos niños, así que necesitábamos una casa que satisficiera nuestras necesidades. Un día Dios contestó nuestra oración de una manera sensacional. Nos dio la casa justo como se la pedíamos. Mis hijos y yo agradecimos mucho al Señor su respuesta y la consideramos una muestra de su amor hacia nosotros.
Ahora, cada vez que nos llega un cambio de residencia, nuevamente lo ponemos en oración y confiamos que nuestro Padre celestial nos dará el mejor sitio para servirle. En nuestra mudanza más reciente llegamos a vivir a una casa muy bonita, que además de todo tiene un enorme patio donde podemos cultivar algunas hortalizas y flores. No cabe duda de que Dios siempre nos da más de lo que pedimos. Por eso mi abuela decía que cuando Dios da hasta los costales presta.

Adaías de Ojeda
Tomado de la Matutina Manifestaciones de su Amor.

VIGILAR LAS PUERTAS

Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida. Proverbios 4:23

En la antigüedad, los guardas de las puertas de una ciudad tenían un trabajo muy importante. La manera en que desempeñan su tarea determinada la seguridad de la gente en la ciudad.
Cuando un extranjero pedía entrar a la ciudad, el guarda tenía que decidir si era seguro permitírselo. También era responsabilidad del guarda cerrar las puertas en caso de que se acercase un enemigo.
Uno cuantos siglos antes de que naciera Jesús, los chinos empezaron a construir la Gran Muralla. Creían que amurallados y aislándose del resto del mundo podrían protegerse de los ejércitos enemigos. La construcción de la muralla, que se extiende a lo largo de más de 6,400 kilómetros, duró unos 2,000 años. Aun así, cuando la muralla estuvo terminada, los chinos ya habían sido invadidos tres veces.
Las fuerzas enemigas no entraron derribando la muralla o trepando por ella. Pasaron por el muro engañando a los guardas.
Los ojos, las orejas y la imaginación son las puertas por las que las influencias exteriores entran a nuestra mente. Satanás, el enemigo de nuestra alma, hace todo lo que puede para encontrar una manera de abrirse paso a través de nuestras defensas. Sabe que lo que permitamos que pase por las puertas determinará nuestras elecciones. Por eso Satanás, está tan presente en el mundo del entretenimiento.
La música, las películas, las revistas, los programas de televisión, los videojuegos, los deportes y el baile están diseñados cuidadosamente para infiltrarse y abrir una brecha en el carácter. Cuando estamos cansados, aburridos o sentimos curiosidad, es fácil que bajemos la guardia.
Haríamos bien en modificar un conocido refrán japonés y convertirlo en nuestro lema para no ver ni pensar en nada que sea malo.
Vigilar las puertas no es solo un trabajo difícil. Es una cuestión de vida o muerte.

Tomado de la Matutina El Viaje Increíble.

LA RECONSTRUCCIÓN DE TU FE

Jesús les dijo: «Por vuestra poca fe, porque de cierto os digo, que si tuviereis le como un grano de mostaza diréis a este monte: "Pásate de aquí allá", y se pasará; y nada os será imposible». Marzo 17:20.

Cuando las circunstancias por las que atravesamos parecen tomar un giro inesperado para peor, muchas veces nuestra fe se ve sacudida y, desesperados, nos preguntamos cuáles son los pasos que tenemos que dar para hacer frente a la tragedia y a las injusticias que enfrentamos. Independientemente de cuáles sean las dificultades concretas, una fe firme nos capacitará para hacer frente a todas las pruebas que puedan venir.
¿Qué hacer cuando los problemas de la vida golpean nuestra fe? Si las circunstancias son tales que nuestros planteamientos anteriores han quedado desbordados por la realidad, ¿cómo podemos recuperar nuestra confianza en Dios? He aquí tres consejos que pueden resultarte útiles.

  • Adopta la firme decisión de creer que Dios es fiel y totalmente digno de confianza siente la seguridad de que el Señor siempre cumplirá sus promesas. Él desea lo mejor para tu vida. A veces, lo que pensamos que es lo mejor está en conflicto con lo que Dios piensa que es lo mejor. Sin embargo, los caminos de Dios son los únicos que nos conducen a la dicha y a la paz, pues fortalecen el carácter y siempre dan magníficos resultados.
  • Elimina toda duda en cuanto a Dios. Rechaza todas las insinuaciones al respecto que el diablo suscite en tu mente. Mi tío y mi padre, cuando jóvenes, eran diáconos de la iglesia a la que asistían. Un miércoles salieron de su casa hacia el templo para hacer la limpieza y quedarse para el culto de oración y testimonios. Cuando regresaron a su casa, encontraron que los ladrones les habían robado todo. Mi tío exclamó: «No es posible que mientras adorábamos al Señor en su templo, él no haya cuidado nuestra casa». Aceptó la duda en su mente, abandonó la iglesia y finalmente murió alcohólico. Cuando decidimos no mirar nuestras circunstancias con los ojos de la duda, experimentaremos paz y tranquilidad.
  • Lee la Palabra de Dios y medita en sus promesas. Fundamenta tu fe en las promesas de Dios. Eso es lo único que garantiza que tu fe no naufrague cuando ruja la tempestad.

Cree hoy firmemente que Dios cumplirá todo lo que te ha prometido. Él es fiel y verdadero. Descansa en sus promesas.

Tomado de la Matutina Siempre Gozosos.