viernes, 24 de julio de 2009

UN ÁNGEL SENTADO EN MI CAMA

Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial (5. Mateo 18: 10).

¿Has leído en la Biblia historias sorprendentes de ángeles que se presentaron a distintos personajes? Esos relatos hacen que nuestro corazón se llene de emoción y de alegría. ¿Crees que los ángeles de Dios todavía en nuestro tiempo pueden presentarse ante las personas? Vivíamos en la ciudad de Tapachula, Chiapas. Entonces mis hijos eran pequeños, la mayor tenía cinco años. Como familia teníamos la costumbre de contarles a los niños una historia de la Biblia antes de dormir y orar con ellos. Esa noche no fue la excepción, así que después de la historia los mandamos a dormir. La habitación de los niños estaba junto a la nuestra. De pronto, a media noche escuché a mi hija gritar. Pero no era un grito de miedo, sino una exclamación de alegría: «¡Papá, papá, ven, mi ángel está aquí!» Mí esposo salió corriendo al cuarto de los niños y al acercarse vio una luz intensa, su corazón empezó a latir de prisa. Entonces preguntó: —Hija, ¿qué pasa? —¡Papá, aquí estaba mi ángel sentado en mi cama! Mi ángel estaba muy bonito —respondió la niña. —¿Qué te dijo tu ángel? —Él me dijo que me portara bien porque quería que fuera al cielo con él. ¿Era posible que el ángel del Señor viniera directamente a visitar a una niña y animarla a continuar por el camino del bien? Mi esposo tuvo la seguridad que ella habla visto un ángel, pues él sintió una paz y una sensación indescriptible al entrar al cuarto y ver la luz resplandeciente que pronto desa­pareció. Elena G. de White dice que «por medio de los ángeles, las comuni­caciones entre el cielo y la tierra serán mantenidas constantes» (La verdad acerca de los ángeles, pp. 273, 274). Hoy los ángeles de Dios tienen perma­nente comunicación con las personas para dar mensajes de amor, paz, segu­ridad y esperanza.

Líder Ruiz de Aguilar
Tomado de la Matutina Manifestaciones de su amor

¡QUÉ SENSACIÓN!

Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.Efesios 6: 7, 8 .

Si quieres ser feliz durante una hora, échate una siesta. Si quieres ser feliz durante un día, ve a pescar. Si quieres ser feliz durante un mes, cásate. Si quieres ser feliz durante un año, hereda una fortuna. Si quieres ser feliz toda la vida, ayuda a alguien. Proverbio chino Cuando Jesús enseñaba a sus discípulos la importancia de servir a los demás, no les daba otra tarea que cumplir. Les daba una de las llaves de la felicidad. Hace algunos años, la revista Psychology Today publicó un artículo que trataba de los', beneficios que se obtienen al servir a los demás. Se estudiaron voluntarios que iban ahí ayudando a otras personas y siendo amables con ellas. Se descubrió que en casi todos los casos, los voluntarios experimentaban un aumento de las endorfinas, las sustancias del cerebro que hacen que nos sintamos bien. Cuando hacían algo para otro, experimentaban un placer y una excitación naturales. Pero si les daban dinero o recibían cualquier otra recompensa por lo que habían hecho, la sensación agradable desaparecía. Y lo que es más, también se descubrió que meses después de haber hecho las buenas acciones, la mayoría de los voluntarios conseguían una nueva dosis de endorfinas al recordar sus experiencias pasadas. Pero los beneficios del servicio no se detienen con una sensación agradable. Hacer algo por los demás también puede aliviar la depresión y el dolor y alargar la vida de una persona. Servir a los demás, no es solo un regalo para otras personas, también lo es para ti,

Tomado de la matutina El viaje Increíble.

LA COMIDA DE JESUS

Jesús les dijo: «Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra».juan 4: 34

Cuando los discípulos regresaron de Sicar, se apresuraron a preparar la comida. Utilizaron todo lo que habían traído: pan, pescado salado, frutas, etcétera. Sin embargo, el Maestro no les prestó ninguna atención. Estaba abstraído, como si su corazón estuviera en otra parte. Poco tiempo antes se sentía fatigado, estaba sediento, desfallecía de sed; pero ahora nada parecía llamarle la atención. Los discípulos comenzaron a servir la comida, con la esperanza de que Jesús se decidiera. Pero él guardaba silencio. Los discípulos comenzaron a preocuparse. Se preguntaban si alguien le habría de comer. Ellos no podían consentir que su Maestro quedara sin comer. Faltaba un largo camino por recorrer. Su destino todavía estaba muy lejos. Por eso, le dijeron en tono de súplica: «Rabí, come» (Juan 4: 31). Él les dijo entonces .aquellas memorables palabras: «Yo tengo una comida que comer que vosotros no sabéis» (vers. 32). Ante las preguntas llenas de incertidumbre de ellos, les dijo: «Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra» (vers. 34). Mientras les decía aquellas palabras, su mirada se perdía en la lejanía. Sus ojos iban siguiendo la marcha presurosa de la pecadora convertida. Después vio a la gente de Sicar que se disponía a salir para verlo a él, el Mesías. Al darle el agua de la vida a la samaritana y verla transformada, sintió alimentados su alma y su cuerpo. Ya no sentía hambre ni sed. Ahora tenía a la vista un grupo numeroso de samaritanos a los que tenía la misión de instruir y salvar. Para Jesús la vida consistía en hacer la voluntad del que lo había enviado. Dios nos ha enviado a trabajar en su campo, como dijo Jesús, a terminar su obra. Nuestra vida tiene que identificarse con esa obra. La obra que nos ha tocado en suerte es nada menos que cooperar con nuestro Creador, terminar su obra. Su creación es bella, a pesar de las deformaciones causadas por el pecado. Dios cuenta con nuestra colaboración para reformarla. Si la vida humana tiene lagunas, nuestra misión consiste en rellenarlas. Donde encontremos fealdad, hemos de poner belleza; en la injusticia, rectitud; en el sufrimiento, gozo. Nuestra misión es acabar la obra de Aquel que nos ha enviado. Vivir cada vez más, conforme a nuestra condición de hijos de Dios. Difundir y extender entre los hombres el reino de Dios. Esa debe ser nuestra comida también.

Tomado de la Matutina Siempre gozosos